Tras el encuentro, el organismo rector del fútbol mundial emitió una respuesta contundente basada en la tecnología de su balón oficial para sepultar la controversia: “Antes del gol de Inglaterra en el minuto 45+2 contra Noruega, el sensor en el Connected Ball no mostró ningún pico en el ‘latido del balón’ cuando estaba en el aire, y por lo tanto no hay evidencia de que el balón tocara el cable aéreo y cambiara el movimiento del balón”.
Tensión en el césped y el debate del VAR
El partido ardía en el minuto 45+2. Noruega ganaba gracias a un gol de Andreas Schjelderup, pero el impacto psicológico del empate inglés llegó acompañado por reclamos inmediatos. Según las imágenes de la transmisión, el balón habría rozado uno de los cables de la cámara, alterando su trayectoria.
Pese a las quejas, ni el árbitro detuvo el juego ni el VAR intervino en ese instante con una revisión exhaustiva, permitiendo que Bellingham definiera con precisión. El caso vuelve a abrir la discusión sobre la consistencia de los criterios arbitrales ante situaciones poco comunes y el verdadero alcance de la tecnología en zonas grises del reglamento.
¿Cómo funciona el “Connected Ball”?
El sistema de la FIFA y Adidas cuenta con un sensor que registra movimientos a 500 Hz (500 mediciones por segundo) para generar el famoso heartbeat graphic (latido del balón) en las transmisiones. Esta misma tecnología ya había sido determinante en este torneo al anularle un gol a Croacia frente a Portugal por un roce milimétrico con el cabello de un jugador; sin embargo, en la jugada de Bellingham, la ausencia de picos confirmó que no hubo alteración compatible con un golpe en el cable.

