Urge fortalecer Mercosur

La aprobación del Tratado Mercosur-UE por los estados miembros de Mercosur ubica a los gobiernos en una encrucijada, en el sentido de un momento de duda ante decisiones difíciles; en este caso, la de adoptar un camino para potenciar Mercosur y construir un Estado Unido del Sur como “estado continental”, o seguir el esquema vigente de “naciones separadas” sometidas a los intereses de imperialismos voraces, como son Estados Unidos, China y Rusia.

Es lamentable que los gobiernos de Argentina y de Brasil, países que constituyen el núcleo básico para la construcción del estado continental en América del Sur, se encuentren sometidos en sus respectivos gobiernos a intereses egoístas y a ideologías parcialmente opuestas, donde Milei no oculta, sino que se ufana de su sometimiento a Trump, y Lula a China y Rusia. La conducta del argentino no debe de extrañar; es propia de un liberal economicista exacerbado, que antepone el interés individual al interés general. Por su parte, el líder brasileño invoca un relato socialista liberal; socialista en la gestión del gobierno al interior del estado, aunque claramente liberal en su gestión económica, tanto interna e internacional. Aunque aparentan ser diferentes en lo político y social, en el ámbito internacional ambos actúan privilegiando y potenciando sus intereses económicos sobre el bien común del Mercosur, y sobre los legítimos intereses de los países colindantes; la prueba innegable es el trato injusto y arbitrario de Argentina y Brasil en las binacionales de Yacyretá e Itaipú, donde esos países se han apropiado de miles de millones de dólares, contando con la sumisión interesada de los gobiernos colorados desde la construcción de las represas.

Los gobiernos de los estados miembros de Mercosur no se dan cuenta -o ignoran reconocer- que con la vigencia del Acuerdo Mercosur-UE, la opción estratégica de fondo para obtener beneficios importantes en la región es una sola: potenciar la integración política, económica y social que facilite la construcción de un bloque relativamente sólido, para participar en la aldea global con fuerza política e identidad cultural propia, o diluir el proceso de integración para beneficio exclusivo de la Unión Europea, aunque sometido al control militar de Estados Unidos, y al servicio de sus intereses hegemónicos en la región y en el planeta.

En cuanto a las formas políticas e ideológicas, la opción en las Américas se da entre el pensamiento neoliberal capitalista y el personalismo democrático o humanismo democrático; el primero progresa en Estados Unidos, América Central y parte de América del Sur; el segundo en Canadá, México, Brasil y Uruguay. Culturalmente, desde México a Argentina la afinidad se da con la Unión Europea.

La construcción y consolidación del bloque sudamericano requiere fortalecer los vínculos políticos, económicos y culturales con la Unión Europea; el Tratado recientemente aprobado y ya potencialmente vigente desde el 1 de mayo pasado abre una puerta no solo para el intercambio económico, sino también aspectos políticos, culturales, ambientales; para promover la democracia, el multilateralismo y la gobernanza global, aprovechando los lazos históricos y lingüísticos para fomentar una mayor integración social y el intercambio científico y educativo. Al unificar marcos regulatorios y de seguridad, simplifica los flujos turísticos y de negocios, promoviendo el conocimiento cultural, y la movilidad de profesionales y estudiantes entre ambas regiones del planeta.

El mayor obstáculo para el éxito de la estrategia de construcción y consolidación del bloque sudamericano, ahora mismo es el actual gobierno de Estados Unidos, encabezado por el republicano Donald Trump, quien ha dado y sigue dando muestras reiteradas de agresividad, prepotencia, inseguridad e impaciencia en el manejo de la política exterior. Favorecido por el control de ambas Cámaras del Congreso, Trump ejerce un poder sin contrapeso ni rendición de cuentas, pero eso puede cambiar con el resultado de las próximas elecciones legislativas, que no se presentan nada favorables para los republicanos.

Superar ese obstáculo no parece fácil, pero será posible si los gobiernos sudamericanos dejan atrás su reconocida cobardía frente a los yanquis, aferrándose a una visión de unidad y fraternidad sureña, con la pasión necesaria requerida para lograr hacer realidad el sueño de una segunda independencia de América del Sur, en este primer siglo del tercer milenio de la era cristiana, aprovechando las innegables ventajas del Tratado Mercosur-Unión Europea.

La hora propicia para darle nuevo ímpetu a Mercosur es ahora, si aprovechamos la oportunidad que nos ofrece la coyuntura de fortalecer, consolidar, profundizar y extender Mercosur en la construcción de un sólido bloque regional en América del Sur. Lamentablemente, muchos olvidan las enseñanzas de la historia. Cuando un estado fuerte ayuda a un débil se hace servir de él; lo primero que hace un gobernante violento para llegar a dominar a otro pueblo es separarlo de los demás pueblos hermanos. En el escenario mundial, cuando un país hegemónico teme a otro tanto o más poderoso que él, y se propone darle batalla, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él, mediante dádivas pequeñas y grandes promesas de bienestar futuro. Es lo que está haciendo Trump con los gobiernos de Argentina y Paraguay, y se propone hacer con los países ubicados sobre el océano Pacífico; ya lo dijo Bolívar: “el pacto con el fuerte hace eterna la sumisión del débil”.

La profundización del Mercosur es parte de la solución para el pueblo de la región; que los beneficiados con el Tratado vigente no solo sean, una vez más, exclusivamente los ricos.

(*)Autor del libro “Integración: Mercosur también existe”.

Lo
más leído
del día