Turismo

Los soretes del globalismo, a los que les pagan por prescribir sus fobias pequeño-burguesas a políticos ensobrados para dar fuerza de ley a tales pedos, están desde hace algún tiempo ensañados con el turismo, que odian seguramente porque es el acceso de las clases medias y bajas al conocimiento físico del mundo.

Si quieren ver a émulos locales de soretes del globalismo en nuestro país, los van a encontrar posando en los cafés snob de Asunción pretendiendo que creas que trabajan aunque no son capaces de otra cosa que proponer boludeces totalitarias, presumiendo a ese efecto las compus Apple que les compraron.

Las “élites” del globalismo detestan profundamente la movilidad social ascendente, pues ella amenaza los lugares que sus buenos para nada creen que merecen por haber pasado algunos semestres en alguno de los autorenombrados institutos anglosajones, esos que llevan siglos vendiendo “títulos” idénticos a los de Hernán Rivas y demás “profesores doctores”.

Todos cortados por la misma tijera, ralea despreciable de dañinos parásitos con ropa de marca, que usan para intentar disfrazar que son soretes.

Quieren prohibir, y ya restringieron en sus islotes de experimentación totalitaria como Barcelona (referencia obligada del pelotudaje hispano), los “airbnb”, por ejemplo, que no son otra cosa que el derecho de los propietarios de inmuebles a multiplicar su renta mediante alquileres turísticos, con el “argumento” de que el fenómeno encarece los alquileres para “habitantes”.

Como todos los globalistas en todos los asuntos y campos, en este caso también realizan “informes” (idioteces ingüeroviables) para impedir la libre concurrencia y reducir la competencia en el sector turístico, bien financiados por hoteles agremiados.

El ataque a los “airbnb” empieza por desconocer cómo funciona la economía de mercado, pidiendo reemplazarla por regulaciones públicas con las que medran dichos parásitos, alegando el supuesto falsísimo de que todos los propietarios de inmuebles son acaparadores (como en todo, usan anécdotas en vez de estadísticas) y pisoteando a los miles de dueños que con “airbnb” pueden mejorar su nivel de vida.

Disimulan sus absurdos esgrimiendo lo que pomposamente denominan “consenso científico”, buscando hacer creer que como muchos idiotas como ellos escribieron los mismos disparates financiados por las mismas fuentes, los absurdos adquieren la validez de la ciencia, cuando cualquiera que haya estudiado aunque sea los rudimentos de la ciencia sabe que ella no existe sin la duda, la crítica y el debate.

En Italia, además, por ejemplo, ahora hay que pagar un impuesto al turismo casi en todas partes, lo que busca y consigue encarecer los viajes a los menos favorecidos para enriquecer más todavía a los generadores de estos “informes”.

Todo el globalismo, todo sin excepciones, es una operación de transferencia de poder y de dinero para estas “élites” tilingas de vividores a costa de los comunes, y si queremos mantenernos libres y prósperos, tenemos que exponerlos en cada ocasión.

evp@abc.com.py

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