La gran estafa

A esta altura del juicio es fácil hacer leña del árbol caído, un árbol que sigue sosteniendo que cursó la carrera de Derecho en una Universidad de Garage que emitió como tres certificados de estudios diferentes y emitió un título a todas luces fraudulento.

Lo que más sorprende es que lejos de intentar pasar desapercibido por dicho título dudoso, el entonces parlamentario hizo gala de llegar a juzgar a los jueces del Paraguay.

Y no una vez, con lo que parecía una total impunidad logró ese “galardón” dos veces, como diputado y luego como senador. A pesar de que ahora sus excolegas y compañeros de bancada se hagan de los chanchos rengos, sabían perfectamente que estaban coronando a alguien que ahora está demostrando que no tiene siquiera la capacidad de amagar una defensa jurídica. Ni mencionemos el léxico jurídico, la lectura comprensiva y la oratoria necesaria.

Se dice que el primer acto de corrupción es aceptar un cargo para el que no se está preparado. Pero en este caso hay que ir más allá y descubrir a quienes convenía, a quienes respondía y cada uno de los que fueron beneficiados con su presencia en nada más y nada menos que en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, órgano del que llegó a ser titular.

En una película sobre el famoso caso Watergate se mencionaba que seguir el dinero era la manera de hallar la verdad, descubrir la corrupción por medio de un responsable. En este caso queda seguir el rastro de los documentos públicos firmados, a quienes se benefició con sus acciones y quienes fueron perjudicados. Queremos ilusionarnos con esa posibilidad y que no se busque solamente tener un chivo para que todo siga igual. Eso incluye a las carreras, institutos y universidades creadas con meros fines económicos y que no cumplen con las mínimas exigencias de una “baja” casa de estudios.

El verdadero caos va a comenzar probablemente cuando salga la sentencia. No es difícil imaginar el aluvión de acciones de quienes fueron juzgados y en los que se encuentra la firma de una persona que nunca tuvo que estar en esa silla. Inestimable el daño a la credibilidad del Legislativo y a las instituciones que deberán responder por cada uno de los casos como cómplices. A eso hay que sumar el resarcimiento que posiblemente terminará pagando nuevamente la ciudadanía.

Cuando concluya el juicio al exparlamentario Hernán David Rivas posiblemente no será el final, podría ser realmente el comienzo de una nueva etapa en la que esperamos que no haya impunidad; ni siquiera con quienes tanto lo sostuvieron por tratarse de un cerdo de su chiquero.

arturo@abc.com.py

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