Pero hay algo más miserable que la desmemoria: que el senador Beto Ovelar le haga creer a la población que la única forma de negociar con los médicos es subir aún más los impuestos, impuestos que por cierto pagamos los mismos pelotudos de siempre.
Quienes se oponen a que los médicos accedan a un aumento, podrán hacer todos los cálculos, sumas y restas que quieran. Hay algo inapelable: los GROSERAMENTE PRIVILEGIADOS en ingresos financiados con dinero del sector público en la República del Paraguay NO son del sector salud.
Por ejemplo, el mismo Ovelar olvida que él tuvo a su hijo a sueldo de los que pagamos impuestos, tal como lo hicieron -y siguen haciendo, sin castigo alguno- muchos en todos los poderes del estado. Olvida que estamos obligados a sostener sueldazos de muchos y despilfarros de muchísimos; licitaciones amañadas, tercerizaciones asquerosas; los autoaumentos que ellos se dan, los lujos que nosotros no podemos pegarnos; los viajes que no podemos imaginar con hoteles y viáticos asegurados, las jubilaciones privilegiadas.
Es inapelable que toda la cadena -desde los residentes hasta el último profesor doctor- deben lidiar con deplorables carencias de la miseria donde ellos mismos muchas veces ponen de su bolsillo lo necesario para el trabajo. Una cosa es no tener un envase para tomar muestra de orina; otra es no tener un tubo endotraqueal y tener que usar una sonda para un prematuro.
Hay que decirlo. Por el oficialismo, Basilio Nuñez, médico y presidente del Senado y del Congreso, y Raul Latorre, médico y presidente de Diputados han dado la cara esta semana. Y el senador Gustavo Leite puso la guinda: “Creo que el Ejecutivo tuvo suficientes señales para intentar descomprimir esta cuestión y no le ha dado la atención que se merece”. Que tu exembajador en los EE.UU., de las tripas de Horacio Cartes, salga a decir eso, parece un milagro: los médicos están uniendo a casi todos contra la política sanitaria de Santiago Peña.
Si embargo, para mi gusto, el más deleznable espejo de lo groseros del carajo que son es la gobernadora de Concepción, Liz Meza, médica ella. La misma que este año dijo que gastar G. 600 millones en el quinceaños de su hija era “normal”. La misma que acaba de decir “los médicos no tenemos hoy por qué quejarnos” para a continuación decir que quiere quedarse al frente del Hospital de Concepción toda una vida, como Alfredo Stroessner, agregó. Ella, como muchos otros políticos, representa el Paraguay bastardeado hasta lo indecible. Ojalá que cuando Santiago Peña deje de ser rallysta, se baje del auto y se ocupe de las miserias de salud. Esto no da para más.
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