Ensamble

Las Colonias Unidas de Itapúa son un ejemplo vivo del ensamble entre culturas y pueblos en nuestro país. La celebración anual de las colectividades es, en sí misma, una acción profunda para rescatar la memoria de aquellos que se embarcaron hacia un nuevo destino y llegaron para labrar la rica tierra del Paraguay. Este fenómeno no fue casual, sino el resultado de una visión estratégica de reconstrucción nacional.

El 7 de junio de 1881, durante la presidencia de Bernardino Caballero, se promulgó una ley clave que autorizó al Poder Ejecutivo a establecer colonias agrícolas en el Paraguay. La medida buscaba atraer inmigrantes, especialmente europeos, para poblar y trabajar tierras públicas y privadas que habían quedado devastadas.

Su función principal era promover la llegada de agricultores extranjeros, seleccionar tierras aptas para la colonización y organizar el traslado e instalación de los inmigrantes en lotes agrícolas específicos. Para garantizar el éxito del proyecto, se priorizaban tierras fértiles ubicadas cerca de ríos, lo que facilitaba estratégicamente el transporte y la comunicación en una época de difícil conectividad.

Bajo este marco legal, en el año 1900 llegaron los primeros inmigrantes europeos desde el sur del país hasta Hohenau, iniciando así la primera colonia organizada en esa región. Por ser los pioneros en abrir camino en la selva, el distrito es considerado hoy la madre de las Colonias Unidas y la Capital Nacional de los Inmigrantes.

Este ensamble entre cultura y tradición fue un episodio fundamental de nuestra historia republicana, ocurriendo precisamente durante el complejo proceso de reconstrucción del Estado-Nación tras la Guerra de la Triple Alianza, cuando el país necesitaba brazos para resurgir de las cenizas.

Actualmente, el fruto de ese esfuerzo se traduce en uno de los polos de desarrollo más importantes de la región y del departamento de Itapúa. Cada año, los pobladores celebran la Fiesta Nacional de las Colectividades, un evento magistral que reúne a descendientes de nueve países diferentes. Más allá de promover la gastronomía y la cultura de las naciones representadas, estas jornadas son una radiografía exacta de ese contacto humano transformador.

En ese largo proceso de convivencia, la misma cultura local se volvió híbrida; las tradiciones europeas se fundieron con la identidad guaraní y paraguaya. Esta sinergia convive diariamente con nosotros y es el motor del desarrollo económico de lo que hoy es la región. Festejar los vestigios de ese ensamble se ha vuelto, además, un poderoso atractivo turístico que invita a miles de paraguayos y extranjeros a conocer este pedazo de historia de múltiples raíces, el cual forma parte indiscutible de nuestra identidad actual.

La festividad es una oportunidad única de comprender cómo el mundo conoció la tierra roja guaraní, cómo se adaptó y salió adelante. Es recordar que las raíces pueden venir de cualquier parte, pero todas las hojas sirven para fertilizar la tierra de nuestro bello Paraguay.

sergio.gonzalez@abc.com.py

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