¡Salud, mi querido amigo!

No hay duda alguna de que es muy nuestro -y muy pícaro- eso de buscar alguna excusa, válida o más o menos, para juntarnos, chocar los vasos y pasar un buen rato entre risas. Y qué mejor pretexto que la mítica temporada del Oktoberfest, esa gran fiesta mundial de origen alemán que ya se instaló hace décadas en el corazón de nuestro calendario paraguayo con una fuerza tremenda. ¡Por eso, salud!

Desde Asunción hasta el interior, el país espera este ritual. Vemos celebraciones vibrantes en San Bernardino, en la guaireña y tradicional Colonia Independencia con su histórico ChoppFest, y otras interesantes versiones en la zona de Santa Rita. Lugares diferentes y lejanos entre sí, pero con un denominador común: La buena onda.

​ ¿En qué consiste todo? De pronto parece no haber mucha ciencia detrás… pero sí hay. Básicamente, es rendirle culto al encuentro humano alrededor de una buena mesa. El aire impregnado de olor a delicias como el Eisbein o codillo de cerdo, chukrut, papas y salchichas alemanas, que hay que despachar pronto porque la gente se viene con apetito.

​La estrella es la cerveza, eso no se discute. Esta bebida noble nos remonta por un lado a un par de miles de años atrás hasta Egipto y Asiria, y si miramos un poco más cerca a la tradición artesanal germana que data formalmente de 1516. Allí, se puso en negro sobre blanco la famosa Ley de Pureza que cuidaba los ingredientes básicos: agua, cebada malteada y lúpulo. ¿Una mezcla sencilla? No, más bien una auténtica joya de la paciencia humana.

​El ambiente de la fiesta será de pura fraternidad campechana. Largas hileras de mesas compartidas donde nadie es un extraño, brindis van y brindis vienen, en medio de un bullicio alegre que contagia las ganas de vivir.

​En estado fiesta, la música juega un papel central. Bandas típicas de instrumentos de viento tocando música folclórica alemana, pasando por alegorías bailadas, pop, rock y ritmos más modernos ponen a bailar a la gente, que no espera otra cosa. Todo en un marco de luces y decoración que implica una enorme cadena de trabajo y generación de ingresos legítimos para muchísima gente.

​Mozos, músicos, productores locales, choferes, cocineros y proveedores también celebran estas fechas, en las que encuentran un impulso económico vital. El Oktoberfest tracciona la economía, y arrastra detrás de sí a hoteles, comercios, transporte y pymes.

​Al final de la jornada, estas celebraciones son mucho más que reuniones bulliciosas; son un canto rotundo a la vida y a la amistad sincera.

​Disfrutar de una bebida refrescante y sana, que une a la gente y a la par empuja el carro de nuestra economía, es una bendición disfrazada de tradición que debemos cuidar. Por todo esto, y mucho más... ¡Salud, mi querido amigo!

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