Obispo de Caacupé advierte a políticos y pide no tocar los fondos de IPS

En su mensaje al pueblo durante la misa central por el día de la Virgen de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela se refirió a la preocupación ciudadana en torno al polémico proyecto de Superintendencia de Jubilaciones. “Ese fondo jubilatorio debe permanecer cerrado para asegurar la vida digna de los trabajadores”, aseveró. Advirtió a la clase política sobre el peligro de “abusar de la confianza” del pueblo que la eligió.

Santi Peña, con la mano en el rostro, junto a su esposa  y otras autoridades, durante la misa central de Caacupé.
Santi Peña, con la mano en el rostro, junto a su esposa y otras autoridades, durante la misa central de Caacupé.Fernando Romero, ABC Color

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En su mensaje al pueblo luego de la homilía de la misa central del día de la Virgen de Caacupé, el obispo de esa diócesis, monseñor Ricardo Valenzuela, lanzó una advertencia a la clase política, con el presidente Santiago Peña presente en la celebración religiosa, señalando que debe actuar con rapidez para solucionar los problemas más graves del país y no abusar de la confianza y paciencia del pueblo. En particular, instó a que no se utilicen los fondos jubilatorios del Instituto de Previsión Social (IPS) para fines ajenos al pago de pensiones.

Al inicio de su mensaje, el obispo pidió a los laicos que “asuman su compromiso bautismal de ser verdaderos protagonistas en los diversos ámbitos de la sociedad” y “no teman ser testigos del Evangelio de Cristo”.

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“¡Anímense a revisar las estructuras injustas que se han establecido y tengan el coraje de derribar las barreras que oprimen a nuestro pueblo! ¡Busquen los modos más eficaces para combatir la irritante pobreza extrema, la corrupción y la impunidad! ¡Pongan sus máximos esfuerzos para extirpar el cáncer del narcotráfico, del lavado de dinero y el tráfico de personas entre tantas execrables injusticias!”, exclamó ante una audiencia que incluía, además del presidente Santiago Peña, a otras figuras del Gobierno y de la política.

Al pueblo laico pidió que no tema “mezclarse en la interacción política, aunque ella inicialmente parezca insana, porque mientras sean solo pasivos observadores, jamás se conseguirá transformar la penosa situación actual de nuestro país en otro que todos nos merecemos”.

Pidió recuperar la “dignidad” de la política, que actualmente está convertida en “una ‘nueva profesión’ en la que se reparten los bienes del pueblo como si fuese un botín de guerra”.

“No hay tiempo que perder”

Al presidente Peña y las demás autoridades elegidas en los comicios electorales de abril de este año, el obispo recordó que “el tiempo corre y sigue su curso, no se detiene, y es imperioso entrar en la dinámica de la acción”.

“Es urgente activar las instituciones porque el hambre, la enfermedad, la falta de empleo digno y la inseguridad no se detienen. ¡No hay tiempo que perder!”, dijo.

Señaló que la ciudadanía les “renovó el contrato” al elegirlos, a pesar de “los desaciertos y graves omisiones que originaron múltiples pérdidas”.

“El pueblo paraguayo es noble y generoso, cree en las promesas electorales, es paciente y sufrido, pero no es prudente abusar de la confianza depositada en ustedes”, advirtió.

La deuda “eterna” y la inseguridad

Señaló que tardar en encarar los problemas solo hará que estos crezcan.

“Aumentará la deuda externa que se va transformando en ‘eterna’. Seguirá creciendo el déficit fiscal y el precio de los combustibles seguirá fluctuando”, argumentó.

“Del mismo modo, si no hay una decisión política seria en materia de seguridad crecerá la delincuencia cotidiana que se ha convertido en la ‘zozobra nuestra de cada día’”, agregó. “En efecto, los delincuentes, motochorros y asaltantes domiciliarios tienen en jaque a barrios enteros de las poblaciones más vulnerables”, lamentó.

Cuestionó que las autoridades estén actuando sin aparente prisa, “con lentitud, con demasiadas pausas”, manifestando que se evidencia en ellos una “apatía que ya empieza a repercutir en la conciencia colectiva”.

Sin embargo, opinó que “no es momento de depresiones y desilusiones” e instó al pueblo a mantener el optimismo sin dejar de exigir el cumplimiento de las promesas hechas en la campaña electoral.

El obispo Valenzuela hizo especial hincapié en la situación de inseguridad que afecta al país, desde los asaltos callejeros hasta la “toma de comisarías y distritos completos por bandas internacionales” y la toma de cárceles por parte del crimen organizado, resaltando el “pánico y sobresalto” que esos hechos causan en la opinión pública, e instó a las autoridades a no desanimarse en la lucha contra la delincuencia.

Destacó, además, la importancia del fortalecimiento de la institucionalidad en Paraguay, advirtiendo que si se gobierna “para grupos de poder e intereses de pocos”, la democracia “se reducirá a un simple engaño”.

No tocar los fondos jubilatorios de IPS

El obispo también tocó en su mensaje, como tema puntual, la actual controversia en torno a los fondos jubilatorios del Instituto de Previsión Social y la intención del Gobierno de aprobar una ley que cree una Superintendencia de Jubilaciones y Pensiones, una propuesta que la oposición y representantes de centrales obreras y de jubilados han calificado como un intento de permitir al Poder Ejecutivo “meter mano” en los fondos para los pagos de pensiones.

El religioso argumentó que el fondo jubilatorio “debe permanecer cerrado para su único objetivo: asegurar una vida digna a los obreros y trabajadores después de tanto esfuerzo, poder disfrutar de su propio aporte jubilatorio cuando le corresponda su retiro del mundo laboral”.

“Ojalá sea el Estado el que cuide y vigile esos fondos reservados pensando en un futuro seguro y mejor de los ciudadanos que han aportado”, agregó.

La corrupción: la máxima preocupación

Sin embargo, manifestó que la “máxima preocupación” del pueblo son “la corrupción y la impunidad” que “siguen carcomiendo los cimientos de la nación”.

“Parecería no tener límites y resulta muy preocupante, muy serio y grave a la vez, que la sociedad se vaya acostumbrando a observar cómo los delitos cometidos en contra del bien común permanezcan impunes, sin que se demuestre ganas ni voluntad de repudiarlos, y menos aún de exigir castigo a las personas responsables de esos hechos”, reclamó.

“La Iglesia católica en Paraguay viene bregando por la justicia y la moral desde hace tiempo, a través de miles de homilías y cartas pastorales, pero da la impresión de que muchas conciencias se encuentran adormecidas; no se interviene con decisión ni se ven resultados alentadores a través del tiempo”, agregó.

Lamentó que la democracia lograda tras el derrocamiento de la dictadura de Alfredo Stroessner, en 1989, no haya traído “la bonanza que todos esperábamos”.

“Ya pasaron siete gobiernos, de cinco años, en democracia, y en todo ese tiempo no supimos frenar la sangría de la corrupción que está volviendo anémica al país. Es hora de acabar con esto”, sentenció.

Títulos universitarios falsos

Argumentó que la necesidad de “reconstruir el tejido moral del país” señalada en la carta de “Saneamiento Moral de la Nación” publicada por la Iglesia en Paraguay en 1979 sigue siendo observable en temas puntuales como la compra y venta de votos en elecciones o la venta de títulos universitarios falsos, una irregularidad de la que han sido acusados legisladores como el senador colorado cartista Hernán Rivas.

“Contamos con supuestos profesionales que no saben decir lo que supuestamente saben, pues uno se da cuenta que alguien sabe algo cuando lo sabe decir”, señaló. “¡Se está dando títulos a analfabetos funcionales que no comprenden lo que leen! ¿En manos de quiénes quedará el futuro de nuestro país?”, cuestionó.

Concluyó, sin embargo, con una nota de esperanza, pidiendo a los jóvenes que “hagan lío” para asegurar un mejor futuro.

“Tenemos la convicción de que vendrán tiempos mejores y que nuestras autoridades finalmente comprenderán la necesidad de servir al semejante para que todos lleguemos a buen puerto, con la firme militancia de las bases católicas y de todos aquellos que de verdad quieren a su patria”, dijo.

“Que Dios, la Virgen de Caacupé y el Espíritu Santo bendigan a todos los hogares y renueven nuestras fuerzas para seguir luchando por nuestra fe cristiana y para que, más temprano que tarde, nuestro querido Paraguay sea orgullo y garantía de vida digna para cada uno de sus habitantes”, concluyó.

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