En los últimos años, el uso de lubricantes personales se ha normalizado como parte de una vida sexual más cómoda y placentera. Su recomendación suele aparecer junto a consejos sobre preservativos, salud pélvica y consentimiento. Sin embargo, no todos los productos son iguales ni sirven para lo mismo, y su elección puede tener implicaciones en la seguridad, el confort e incluso la salud vaginal o anal.
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¿Por qué usar lubricante?
El objetivo principal es reducir la fricción. Esto puede traducirse en más comodidad, menos dolor y menor riesgo de microlesiones en mucosas.
Especialistas en ginecología y sexología lo recomiendan especialmente en circunstancias comunes en las que la lubricación natural disminuye: perimenopausia y menopausia, posparto, lactancia, tratamientos oncológicos, uso de antidepresivos o antihistamínicos y situaciones de estrés.
En la práctica sexual anal, donde no existe lubricación natural, su uso es considerado medida básica de salud sexual. Estudios citados por organizaciones como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que una adecuada lubricación puede reducir roturas de preservativo y laceraciones, siempre en combinación con condones.
Tipos de lubricantes y compatibilidades
- A base de agua: son los más versátiles y compatibles con preservativos de látex y poliisopreno, así como con juguetes sexuales. Suelen requerir reaplicación, pueden secarse o volverse pegajosos. Algunos incluyen glicerina, que en personas propensas podría favorecer candidiasis.
- A base de silicona: más duraderos y “sedosos”, útiles en duchas o sesiones prolongadas. Son compatibles con preservativos de látex y poliisopreno, pero pueden degradar juguetes de silicona. Se eliminan con jabón, no solo con agua.
- A base de aceites: incluyen aceites vegetales o minerales. No se recomiendan con preservativos de látex porque aumentan de forma significativa el riesgo de rotura. Pueden ser difíciles de limpiar y, según estudios observacionales, asociarse a cambios en la flora vaginal.
- “Híbridos”: mezclan agua y silicona buscando un equilibrio entre deslizamiento y fácil limpieza. Revisar compatibilidad con juguetes.
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Seguridad: pH, osmolaridad y aditivos
Más allá de la base, dos características influyen en la tolerancia:
- pH: la vagina sana suele tener pH entre 3,8 y 4,5; el recto, cerca de 7. Elegir productos cuyo pH sea acorde a la zona de uso puede favorecer el equilibrio microbiológico.
- Osmolaridad: lubricantes muy “hiperosmolares” (con alta concentración de solutos) pueden extraer agua de las células de la mucosa y aumentar la irritación. Un informe técnico de la OMS/ONUSIDA sugirió preferir productos de osmolaridad más baja o cercana a la fisiológica. Si bien no todas las etiquetas informan este dato, algunas marcas lo publican en sus sitios web.
Aditivos comunes y consideraciones:
- Glicerina y azúcares: pueden aumentar la sensación de deslizamiento, pero en personas propensas podrían asociarse a candidiasis.
- Parabenos y conservantes como clorhexidina: útiles para evitar contaminación, pueden causar irritación o alergias en individuos sensibles.
- Agentes “calor”, “cosquilleo” o mentolados: frecuentemente irritantes. Si hay ardor persistente, suspender.
- Aromas o colorantes: estéticos, pero con mayor probabilidad de sensibilización cutánea.
Una prueba en una pequeña zona de piel (antebrazo) puede ayudar a detectar reacciones antes del uso en mucosas.
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Beneficios: placer, comodidad y salud
- Menos dolor y microlesiones: la lubricación adecuada disminuye fricción y riesgo de fisuras. Esto es relevante para quienes experimentan dispareunia (dolor con la penetración) y para el sexo anal.
- Protección indirecta: usados con preservativos, pueden reducir roturas y mejorar la adherencia al uso del condón al hacerlo más cómodo.
- Apoyo en etapas de la vida: en menopausia o posparto, mientras lubricantes y humectantes vaginales no hormonales brindan alivio, en algunos casos se considera terapia local con estrógenos; un profesional de salud puede orientar.
- Inclusión: pueden facilitar la exploración y el juego sexual para personas con movilidad reducida, dolor pélvico crónico o tras cirugías.
Contras y riesgos a considerar
- Incompatibilidades: aceites con látex son una combinación problemática. También, lubricantes de silicona pueden deteriorar juguetes de silicona.
- Irritación y alteración de la microbiota: productos muy hiperosmolares o con ciertos aditivos pueden provocar ardor o alterar el equilibrio bacteriano. Si hay picazón, ardor, mal olor o flujo anormal, consultar.
- Falsa sensación de seguridad: los lubricantes no previenen infecciones de transmisión sexual (ITS) ni embarazos. Su función es mecánica; la protección depende del uso correcto de barreras y métodos anticonceptivos.
- Fertilidad: algunos productos reducen la movilidad espermática in vitro. Para quienes buscan embarazo, existen lubricantes etiquetados como “fertility-friendly” o “concepción”, formulados para ser más neutrales con los espermatozoides.
Mitos frecuentes
- “Si la pareja está excitada, no hace falta lubricante”: la lubricación natural varía y no siempre refleja el deseo. Forzar sin lubricación aumenta el riesgo de dolor y lesiones.
- “Cuanto más espeso, mejor”: la textura ideal depende de la actividad. Muy espeso puede dificultar la sensibilidad; muy fluido puede requerir más reaplicación.
- “Todos los lubricantes son iguales”: composición, pH, osmolaridad y aditivos marcan diferencias relevantes para la tolerancia y el uso seguro.
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Cómo elegir y usar
- Definir el uso: vaginal vs. anal; con o sin juguetes; duración e intensidad de la actividad; uso con preservativos.
- Leer etiquetas: compatibilidad con condones y juguetes, presencia de glicerina, perfumes y agentes “calor”, y, cuando esté disponible, pH y osmolaridad.
- Probar y evaluar: empezar con una cantidad pequeña y ajustar. Reaplicar cuando sea necesario.
- Higiene y conservación: cerrar bien el envase, evitar compartir aplicadores, desechar si cambia olor, color o consistencia. Lavar la zona después si hubo irritación.
- Consultar ante molestias persistentes: dolor, sangrado anormal, flujo y mal olor ameritan evaluación clínica.
La línea fina: placer con información
Los lubricantes pueden mejorar la comodidad y el placer, y en muchos casos son una herramienta de cuidado de la salud sexual. Elegir el producto adecuado implica considerar compatibilidades, composición y contexto de uso.
La pauta general es clara: si reduce la fricción sin irritar y es compatible con las barreras que se utilicen, probablemente sea una buena opción.