Ciclismo y salud sexual: mitos y verdades sobre el uso de la bicicleta y la sensibilidad genital

Ciclista.Shutterstock

¿Andar en bicicleta provoca disfunción eréctil o pérdida de sensibilidad genital? La ciencia matiza uno de los miedos más extendidos entre ciclistas urbanos y deportivos.

El origen del mito

La imagen del sillín estrecho presionando el perineo —la zona entre los genitales y el ano— lleva años alimentando advertencias sobre supuestos daños irreversibles en la función sexual.

Ciclista.

Foros de internet, conversaciones de grupo y hasta algunos profesionales de la salud han contribuido a que muchos hombres y mujeres se pregunten si pedalear mucho “pasa factura” a largo plazo.

Sin embargo, la relación entre ciclismo y salud sexual es más compleja que un simple “sí o no”. Depende de la postura, del tipo de sillín, del tiempo de exposición y de factores de salud previos.

Qué dice la ciencia

Estudios publicados en revistas como Journal of Urology y The Journal of Sexual Medicine han encontrado que el ciclismo intenso puede asociarse a síntomas como hormigueo, adormecimiento genital o molestias perineales, sobre todo en varones que pasan muchas horas seguidas sobre la bici.

Ciclista.

Pero cuando se analiza la disfunción eréctil en sí, los resultados son mucho menos alarmistas. En varios trabajos comparativos, los ciclistas no muestran más problemas de erección que corredores o nadadores del mismo nivel, e incluso algunos estudios señalan mejor función eréctil, probablemente por el efecto protector del ejercicio cardiovascular.

En mujeres, la investigación es más limitada, pero los datos disponibles apuntan a algo parecido: puede haber cambios temporales en la sensibilidad vulvar por presión y vibración, aunque no se ha demostrado un aumento claro de disfunción sexual global frente a otros deportes.

Diferencias entre hombres y mujeres

En hombres, la principal preocupación es la presión directa sobre la uretra y los vasos sanguíneos y nervios que irrigan el pene. Una postura muy inclinada hacia delante, o un sillín muy estrecho o mal regulado, puede comprimir estas estructuras y provocar entumecimiento transitorio.

Mujer en bicicleta.

En mujeres, el problema se concentra en la presión sobre la vulva y el clítoris. Sillines con punta elevada, o diseñados pensando solo en anatomía masculina, pueden causar dolor o irritación, sobre todo en salidas largas o en terrenos bacheados.

Factores de riesgo reales

Los especialistas coinciden en que el riesgo aumenta cuando confluyen varios factores:

Ciclista.
  • Muchas horas continuas sin cambios de postura.
  • Sillín inadecuado para el peso y la anatomía de la persona.
  • Altura y avance del sillín mal ajustados, que obligan a “caer” sobre la zona perineal.
  • Barra demasiado baja en bicis deportivas, que exagera la posición aerodinámica.

También importa el estado de salud previo: tabaquismo, diabetes, hipertensión y colesterol alto afectan a los vasos sanguíneos y los nervios, y son causas mucho más frecuentes de disfunción eréctil que cualquier sillín.

Cómo pedalear sin perder sensibilidad

Los expertos en medicina del deporte insisten en que la prevención pasa por la ergonomía, no por abandonar la bicicleta:

  • Elegir un sillín con superficie de apoyo amplia y, si es necesario, con canal central o abertura para reducir la presión en el perineo.
  • Ajustar correctamente altura, inclinación y retroceso del sillín, idealmente con la ayuda de un biomecánico.
  • Alternar la posición: levantarse del sillín unos segundos cada pocos minutos en rutas largas para aliviar la presión.
  • Usar culotes acolchados y evitar costuras gruesas en contacto con la zona genital.
  • Aumentar progresivamente el tiempo de pedaleo para que tejidos y musculatura se adapten.

Si aparecen hormigueo o adormecimiento que persisten más allá de la salida en bici, conviene replantear la postura y el material.

Cuándo consultar a un profesional

La presencia de dolor intenso, pérdida de sensibilidad que no mejora tras días de descanso, dificultades nuevas para lograr o mantener la erección, o dolor genital en mujeres que interfiere con las relaciones sexuales son motivos suficientes para acudir al médico.

Un urólogo, ginecólogo o especialista en medicina deportiva puede valorar si los síntomas se relacionan con el ciclismo o con otros problemas subyacentes, y proponer ajustes, tratamientos o cambios de hábito.

La evidencia acumulada apunta en una dirección clara: el ciclismo, practicado con criterio y con una bicicleta bien ajustada, es más un aliado que un enemigo de la salud sexual. El verdadero riesgo no parece estar en pedalear, sino en hacerlo mucho, mal y sin escuchar las señales del propio cuerpo.

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