17 de agosto de 2026
Hace un par de días, hubo un principio de incendio en un edificio céntrico de varios pisos perteneciente al Ministerio de Educación y Ciencias, que estaba abandonado, lleno de alimañas y ocupado por drogadictos. No se puede entender tanta dejadez, tanta indiferencia, ante un bien tan valioso, de una ubicación excelente en el centro de la capital, pudriéndose a la vista de todos. Es para preguntarse si nada se les ocurre a los miles de ingenieros, arquitectos, ambientalistas, proyectistas, que figuran en la nómina de las instituciones, para hacer algo útil con tan valioso bien. Así se volatilizan los recursos estatales.


Paraguay enfrenta un momento económico desafiante con una acumulación de tensiones que vienen tanto del exterior como del ámbito interno. Como consecuencia del aumento del precio internacional del petróleo, este año la economía internacional crecerá menos y habrá más inflación e incertidumbre. En el plano local, hay tensión en las finanzas del Estado: menores ingresos a los esperados, mayores presiones de gasto y atrasos importantes en los pagos. En la práctica, esto significa que empresas proveedoras del Estado deben esperar para cobrar, afectando su liquidez y su capacidad de operar. Si no ponemos nuestras finanzas públicas en orden, estos desequilibrios reducirán nuestra capacidad de enfrentar shocks externos, erosionarán la credibilidad fiscal, y terminarán afectando el crecimiento y la estabilidad.

El gasto público en Paraguay registró una expansión moderada durante el primer trimestre de 2026, con un incremento del 4,5% en las transferencias de recursos financieros respecto al mismo periodo del año anterior. De acuerdo con datos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el total acumulado ascendió a G. 14,599 billones (alrededor de US$ 2.200 millones), frente a G. 13,976 billones en igual lapso de 2025, lo que implica una variación de G. 622.592 millones.

El presidente del Centro de Importadores del Paraguay (CIP), Iván Dumot, advirtió que en algunos sectores comienza a evidenciarse una pérdida de paciencia hacia el Gobierno, ante la falta de decisiones sobre temas estructurales como gasto público y reformas, en un escenario marcado por el clima electoral.

El debate sobre la crisis fiscal paraguaya está mal planteado desde el inicio. La pregunta no es si el Estado debe cobrar más, sino si con lo que ya cobra puede financiar lo que realmente le corresponde hacer, dejando el resto al sector privado que es quien en definitiva genera la riqueza que hace sostenible cualquier nivel de tributación. Así lo sostiene Emilio A. Rojas V., gerente de Investor, en un análisis que compartimos íntegramente a continuación.

Las bonificaciones en el sector público constituyen asignaciones complementarias al salario base dirigidas a funcionarios, personal contratado y autoridades electas con cargos presupuestados. Estas remuneraciones adicionales incluyen conceptos específicos establecidos por normativa, entre ellos: bonificación por grado académico, conforme a la Ley N° 4995/2013, bonificación por antigüedad en la función, responsabilidad en el cargo, gestión administrativa o presupuestaria, así como compensaciones por labores insalubres, riesgosas o realizadas en zonas inhóspitas. Asimismo, contemplan asignaciones adicionales al personal de salud en función de su responsabilidad y carga horaria. Estas bonificaciones se aplican exclusivamente sobre las remuneraciones básicas mensuales y no pueden otorgarse por conceptos distintos a los expresamente definidos, lo que busca delimitar su alcance dentro de la estructura salarial del Estado, de acuerdo con el Clasificador Presupuestario dado a conocer por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).