4 de septiembre de 2026

A 53 años de la entrada en vigencia del Tratado de Itaipú, dos exautoridades y un académico coinciden en que Paraguay negoció desde una posición débil. Una tarifa inflada que genera recursos discrecionales, la pérdida del Acuerdo Operativo, una venta de energía al Brasil fracasada y el Anexo C postergado son parte del escenario mientras el país se acerca al límite de su energía disponible.

A días de cumplirse un nuevo aniversario de la firma del Tratado de Itaipú, el experto Victorio Oxilia analiza la falta de información sobre las negociaciones del Anexo C. Advierte que mantener una tarifa alta será “inviable” para el Paraguay y que el fin del acuerdo operativo en 2026 representa un desafío crítico para las finanzas de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE).

En 1966, tras una disputa sobre la interpretación del Tratado de Paz de 1872 entre Paraguay y Brasil, y el dominio de los saltos del Guairá bajo dicho Tratado, Paraguay y Brasil firmaron un Acta que garantizaba la igualdad de derechos en el aprovechamiento de las aguas del río Alto Paraná y un precio justo por su adquisición. Era un mundo bipolar, dividido en dos bloques, que existían bajo la arquitectura de la Carta de las Naciones Unidas de 1945. Un bloque abrazaba el multilateralismo, los principios y valores del derecho internacional, la cooperación y la integración; el otro, detrás de la cortina de hierro, el autoritarismo, el imperialismo, la dominación, el totalitarismo ideológico y la negación de los derechos humanos.
Muchos recordarán el caso de la que se dio en llamar “acta entreguista” de Mario Abdo Benítez con Brasil en 2019, por la cual el Presidente de la República estuvo a un paso de ser sometido a juicio político y exponerse a una casi segura destitución. Pues bien, a la luz de hechos que confirman sospechas iniciales, aquello se reduce poco menos que a un juego de niños en comparación con el acta “superentreguista” de Santiago Peña en mayo de 2024, con la diferencia de que esta administración tiene la caradurez de jactarse de ello.
La renegociación del Tratado de Itaipú, y en particular de su engañoso Anexo C, es un anhelo histórico del Paraguay. El 13 de agosto de 2023 por fin se abrió la tan ansiada oportunidad, al cumplirse el plazo acordado para la revisión, a los cincuenta años de su entrada en vigencia, ya con la deuda por la construcción de la central totalmente cancelada. Sin embargo, no solo todo sigue exactamente igual más de dos años después, sino que hace siete meses las tratativas están formalmente suspendidas ¡por decisión unilateral del gobierno de Santiago Peña! en contra de los intereses del país. A estas alturas ya no cabe creer que se trata de una simple ingenuidad. Da para pensar que hay un “trato apu’a” a espaldas del pueblo paraguayo.
Este mes se cumplen dos años del plazo expresamente fijado en el Anexo C del Tratado de Itaipú para su renegociación y todo continúa exactamente igual. Nuestro país, en teoría dueño del 50%, en la práctica no puede disponer libremente de sus excedentes y es obligado a cederlos en su totalidad exclusivamente a su “socio” a cambio de una arbitraria “compensación”, totalmente divorciada del mejor precio de mercado en la región. Hace tan solo unos días Lula da Silva le reclamó a Donald Trump un trato de igual a igual y exclamó que Brasil “no es una república insignificante”. Tal parece que considera que Paraguay sí lo es y, tristemente, así se comporta también el Gobierno nacional.