Dónde quedan los Highlands y cómo ubicarlos en el mapa
Los Highlands ocupan la gran región norte y noroeste de Escocia, con Inverness como puerta de entrada habitual.
Para llegar, lo más común es volar a Edimburgo o Glasgow y desde allí tomar tren o auto hacia el norte: la A82 recorre algunos de los tramos más fotogénicos (Loch Lomond, Glencoe y Fort William), mientras que la línea ferroviaria West Highland Line es famosa por sus vistas.
Itinerario cinéfilo: castillos, batallas y pueblos de postal
Cerca de Inverness, el campo de batalla de Culloden y el conjunto prehistórico de Clava Cairns ayudan a entender el tono épico de la serie Outlander: brezales, viento y una luz que cambia en minutos.
En ruta, las visitas a castillos —con torres, patios de piedra y salas austeras— se vuelven parte del ritmo del viaje, igual que las caminatas cortas por senderos que bordean ríos y bosques.
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Para sumar “ambiente Highland” sin demasiados kilómetros, conviene combinar miradores, destilerías de whisky en los alrededores y pequeños museos locales que cuentan historias de clanes, tartanes y tradiciones musicales que todavía se escuchan en pubs con sesiones de folk.
En las Tierras Altas: el tren y el viaducto
El punto más buscado por fans de Harry Potter está en la costa oeste: el viaducto de Glenfinnan, curvado sobre un valle de bruma y lagos.
En temporada, el paso del tren a vapor Jacobite (entre Fort William y Mallaig) recrea de forma casi automática la escena: cámaras listas, silencio breve y el silbato cortando el aire.
La propia West Highland Way y los caminos alrededor de Fort William completan la experiencia con caminatas fáciles y vistas abiertas hacia el Ben Nevis, la cumbre más alta del Reino Unido.
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Mallaig, al final del trayecto, invita a probar mariscos frescos y a mirar el Atlántico antes de volver por carretera, con desvíos tentadores hacia playas claras y miradores del litoral.
Qué hacer más allá del set: lagos, rutas escénicas y vida al aire libre
En los Highlands, “qué hacer” suele empezar por moverse: road trips con paradas breves, paseos en barco por los lagos y senderismo de distintos niveles.
Loch Ness —a un corto viaje desde Inverness— suma castillos en ruinas como Urquhart, miradores y cafés con vista al agua.
Hacia el oeste, Glencoe concentra algunos de los paisajes más intensos: valles profundos, cascadas y rutas cortas que se disfrutan incluso con nubarrones.
Quienes buscan fauna suelen mirar hacia el cielo (águilas), los claros del bosque (ciervos rojos) o el litoral del Moray Firth, donde no es raro ver delfines desde la costa en días calmos.
Cuándo viajar: clima, luz y calendario local
La mejor época para recorrer los Highlands suele ir de finales de primavera a comienzos de otoño, cuando los días son largos y la luz estira el horario para rutas escénicas.
El clima es cambiante todo el año: ver sol, llovizna y nubes en una misma tarde es parte del paisaje.
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En verano, los Highland Games animan varios pueblos (con música, danza y pruebas tradicionales), y el comienzo del otoño trae colores más dorados en bosques y laderas.
Sabores y costumbres que se encuentran en el camino
La gastronomía acompaña el recorrido con platos reconfortantes y productos locales: salmón ahumado, venado, sopas espesas, quesos, shortbread y el clásico haggis para quien quiera probarlo en su versión más cotidiana.
Entre paradas de té y panaderías, las destilerías ofrecen visitas y catas que funcionan como pausa natural en días de ruta.
Por la noche, un pub con música en vivo —violines, guitarras, palmas marcando el ritmo— suele ser el final más escocés para una jornada de castillos, bruma y trenes de película.