Día Internacional de la Diversidad Biológica: lo que desaparece a causa de la luz artificial

Murciélago.Shutterstock

Cada 22 de mayo, la ONU recuerda que la biodiversidad sostiene nuestra vida. Pero un ecosistema clave suele quedar fuera del foco: la noche. La iluminación urbana altera rutas, ritmos y reproducción de polillas, murciélagos, aves migratorias y plantas, y hoy es un buen día para recordarlo.

El Día Internacional de la Diversidad Biológica se conmemora cada 22 de mayo. La fecha fue establecida por Naciones Unidas para promover el conocimiento y la acción pública en torno a la diversidad de especies, genes y ecosistemas. También remite a un hito político: la adopción del Convenio sobre la Diversidad Biológica (1992), uno de los pilares globales para frenar la pérdida de naturaleza.

Búho.

En el debate sobre deforestación, incendios o sobrepesca, hay una presión ambiental menos visible, pero creciente: la contaminación lumínica, es decir, el exceso de luz artificial nocturna (intensidad, dirección, color y horarios) que transforma el comportamiento de los seres vivos.

La biodiversidad nocturna, bajo un sol que no se pone

La noche no es un “vacío” biológico. Es un sistema activo de polinización, dispersión de semillas, control de plagas y migración. Cuando la ciudad ilumina como si fuera de día, reescribe esa ecología.

Polilla.

Las polillas, polinizadoras decisivas en numerosos ecosistemas, son atraídas por luminarias y quedan atrapadas en círculos de vuelo que agotan energía, aumentan la depredación y reducen su función reproductiva. Ese desvío tiene un efecto en cadena: menos polinización nocturna, menos frutos y menos alimento para otras especies.

Polilla.

Los murciélagos, grandes consumidores de insectos, ajustan sus rutas y horarios para evitar zonas intensamente iluminadas.

Murciélago.

Algunas especies pierden corredores de desplazamiento y acceso a presas; otras se concentran alrededor de farolas, alterando el equilibrio entre competidores y depredadores. El resultado no es “más naturaleza” por verlos cerca, sino una redistribución forzada.

En el cielo, la luz artificial también actúa como un imán y una trampa. Muchas aves migratorias se orientan por señales naturales —estrellas, horizonte, campo magnético— y la iluminación intensa puede desorientarlas, provocar colisiones y aumentar el desgaste durante travesías críticas.

Garza nocturna, Nycticorax.

Incluso las plantas responden. La exposición nocturna prolongada modifica la fotoperiodicidad: puede alterar brotación, floración y sincronía con polinizadores. Cuando el reloj biológico se desajusta, el ecosistema pierde coordinación.

Reducir luz, recuperar noche

La solución no es “apagar ciudades”, sino iluminar mejor: orientar luminarias hacia el suelo, evitar el derroche hacia el cielo, ajustar horarios, reducir intensidades y preferir tonos cálidos menos disruptivos.

Proteger la biodiversidad también implica recuperar un recurso ecológico básico: la oscuridad.

Lo
más leído
del día