El estrés térmico debido a las altas temperaturas se ha intensificado en todo el mundo y en regiones como el Mediterráneo y América del Sur se registran hasta 50 días adicionales al año con estrés térmico de fuerte a extremo comparado con la década de 1970.
El estrés térmico es la carga térmica neta que soporta una persona y está influido por factores como la temperatura, la humedad, el viento y la radiación. Se puede evaluar con el Índice Climático Térmico Universal (UTCI), una medida de la temperatura percibida que incorpora esos factores y simula la respuesta del cuerpo al entorno.
El equipo analizó un conjunto global de datos sobre el estrés térmico humano desde 1950 hasta 2024 y descubrió que las temperaturas percibidas han aumentado en los días y las noches desde la década de 1970.
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Un fenómeno que afecta especialmente a las noches, de las que los datos apuntan que las diez más cálidas de cada año se han calentado más rápidamente que los diez días más cálidos, a un ritmo medio global de 0,32 grados por década, frente a los 0,27 grados por decenio, respectivamente.
En lugares como el norte de África, la Península Arábiga, Australia y partes del oeste de América del Norte, asimismo se ha observado un crecimiento de los días de estrés térmico extremo.
El estrés térmico intenso en los trópicos suele mantenerse durante casi todo el año, pero se están produciendo cambios hacia categorías más extremas.
No obstante, hay excepciones en algunas zonas de la India, Pakistán y la costa suroeste de Australia, donde han disminuido los días de estrés térmico, aunque en la India y Pakistán se registran más noches tropicales.
La exposición a al menos un día de estrés térmico extremo ha aumentado del 16 % al 22 % de la población mundial, lo que equivale a mil millones de personas más.
El estudio revela que hay una mayor frecuencia de eventos compuestos, que describe como secuencias de días de estrés térmico consecutivos y noches tropicales -estas últimas son cuando la temperatura mínima no baja de los 20 grados-.
Cómo reducir la vulnerabilidad al estrés térmico
Los investigadores sugieren que los planes de acción sobre salud y calor, los sistemas de alerta temprana, las medidas de refrigeración urbana y la integración de indicadores de estrés térmico en las evaluaciones de riesgo climático podrían ayudar a reducir la vulnerabilidad.
El calor es la principal causa de mortalidad relacionada con el clima en todo el mundo y agrava enfermedades subyacentes, como las afecciones cardiovasculares, respiratorias y de salud mental, detalla el artículo.
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A medida que se intensifica el calentamiento global, las olas de calor son cada vez más frecuentes, prolongadas y extremas, lo que incrementa el riesgo de enfermedades y muertes relacionadas con el calor.
Una cuarta parte de las olas de calor registradas entre 2000 y 2019 habrían sido, según el artículo, prácticamente imposibles sin el cambio climático.