La acidificación del océano no significa que el mar vaya a volverse ácido como el vinagre, sino que su pH baja. Ese cambio es pequeño en números, pero grande en efecto: el pH es una escala logarítmica, y una caída cercana a 0,1 unidades desde la era preindustrial implica un aumento marcado de acidez (más iones hidrógeno en el agua).
El motor principal es el mismo que impulsa el cambio climático: el exceso de dióxido de carbono (CO₂) generado por la quema de combustibles fósiles, la industria y el cambio de uso del suelo. El océano actúa como un gran “sumidero” y absorbe una fracción importante de ese CO₂. Eso amortigua el calentamiento, pero tiene un costo químico.
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El mecanismo: de CO₂ a menos carbonato disponible
Cuando el CO₂ entra al agua de mar, ocurre una cadena de reacciones:
- el CO₂ disuelto forma ácido carbónico;
- ese ácido se disocia y libera iones hidrógeno (H⁺), que bajan el pH;
- esos H⁺ se combinan con iones carbonato (CO₃²⁻) y los transforman en bicarbonato.
El punto crítico es el paso 3: al disminuir el carbonato, el océano pierde parte de su capacidad de sostener estructuras de carbonato de calcio (como aragonita y calcita). Es, en términos prácticos, como si el agua quedara con menos “ladrillos” para construir conchas y esqueletos.
Afecta la base física de ecosistemas y economías costeras
Muchos organismos —arrecifes de coral, moluscos, algunos tipos de plancton calcificador— dependen de que el carbonato esté disponible. Con menos carbonato, les cuesta más formar estructuras y, en ciertas condiciones, estas pueden debilitarse o disolverse con mayor facilidad. Eso puede repercutir en cadenas tróficas donde el fitoplancton y el zooplancton sostienen pesquerías.
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La vulnerabilidad no es uniforme. Zonas frías y con mezcla vertical intensa, como el Océano Austral y áreas del Atlántico Sur, tienden a absorber más CO₂ y a presentar condiciones donde la “saturación” de carbonato cae antes; allí, comunidades de moluscos y crustáceos pueden enfrentar cambios más tempranos.
Un fenómeno medible, difícil de revertir
A diferencia de otros impactos, la acidificación se sigue con mediciones directas de pH, CO₂ disuelto y estado de saturación de carbonatos.
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La química involucrada también explica por qué no basta con “esperar” a que el océano se recupere: el sistema tarda mucho en reequilibrarse, y el ritmo actual de emisiones empuja el cambio más rápido de lo que muchos procesos naturales pueden compensar.