El Viceministerio de Minas y Energía ha puesto en marcha un ambicioso plan, centrado en la trazabilidad y sostenibilidad. La implementación de este esquema de certificación de biomasa se realiza, según explicó el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, luego de un estudio apoyado por el Banco Mundial.
Explicó que la investigación determinó la imposibilidad plena de sustituir la biomasa por otro energético en el mediano plazo.
Dado que las industrias consumen actualmente cerca del 57% de la biomasa disponible en el país, el enfoque del Gobierno actualmente es otorgar trazabilidad a la reforestación para preservar los bosques naturales y, simultáneamente, optimizar el consumo en todos los niveles productivos.
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Un proceso lento
Aunque el decreto que regula este sector data del 2015, su aplicación efectiva se postergó por más de diez años. El viceministro Bejarano justificó esta demora señalando la falta de masa forestal suficiente en años anteriores.
La industria requiere un consumo de aproximadamente 40.000 hectáreas anuales, lo que implica que una implementación plena exigía contar con al menos 160.000 hectáreas ya trabajadas. Debido a que un árbol tarda entre seis y siete años en estar listo para la cosecha, fue necesario esperar a que la industria forestal madurara y se expandiera.
Hoy, con el crecimiento del sector y la llegada de grandes proyectos, como las papeleras, el mercado de la biomasa con fines energéticos es una realidad tangible.
La exigibilidad será escalonada para permitir la adaptación del sector privado. Tras el 30% inicial fijado para este 2026, los niveles de certificación subirán al 50%, 70% y, finalmente, al 100%.
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Para gestionar esta transición, el Viceministerio está creando un departamento exclusivo de certificación y trabaja con el Ministerio de Economía y Finanzas en la implementación de un software especializado que garantice el control total del flujo de madera.
Aunque la inscripción de las industrias es actualmente voluntaria, la obligatoriedad del consumo certificado es inminente dentro del marco legal vigente. Sin embargo, el mayor desafío y el foco principal para este año reside en las grandes calderas y en los secaderos de granos.
Bejarano enfatizó que se busca mejorar drásticamente el consumo de biomasa en estos sectores y para ello, se han habilitado mesas de trabajo con la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) y el Banco Nacional de Fomento (BNF) para ofrecer líneas de crédito blandas.
Estos financiamientos permitirán a los industriales adquirir maquinarias más eficientes, que garanticen que el uso del calor sea sostenible y económicamente viable.
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Trazabilidad
La adopción de estas medidas cuenta con el respaldo de los grandes consumidores de biomasa en Paraguay. Según el viceministro, los mercados mundiales son cada vez más exigentes con la trazabilidad de los insumos, y para muchas empresas, operar con madera sin factura legal representa un problema contable y comercial grave.
El cumplimiento de estas normas no solo protege el medio ambiente, sino que asegura la competitividad de los productos paraguayos, como los granos, en el exterior, especialmente ante acuerdos comerciales con bloques como la Unión Europea que priorizan la sostenibilidad.
Aprovecha la poda, inclusive
El plan gubernamental de trazabilidad de la biomasa abarca desde pequeños productores hasta grandes complejos industriales. En una etapa inicial, implementaron programas de baja escala, como la donación de ocho hornos eficientes a artesanos de Areguá, modelo que el Viceministerio planea replicar en otras zonas.
Asimismo, destaca el proyecto de “poda urbana”, que busca transformar lo que antes era considerado desperdicio en una fuente de calor. A través de dos plantas piloto, las podas de la ciudad —incluyendo las realizadas por la ANDE— serán almacenadas y “chipeadas” para su aprovechamiento energético.