Uno de los aspectos más visibles se encuentra en la informalidad. El 61,4% de las mujeres ocupadas se encuentra en condiciones informales, frente al 57,7% de los hombres. Esta diferencia, aunque moderada en términos agregados, adquiere mayor relevancia cuando se analizan los segmentos específicos del mercado laboral. La informalidad no solo limita el acceso a la seguridad social, sino que condiciona la estabilidad del ingreso y la posibilidad de acumulación de capital humano.
En términos etarios, la participación muestra comportamientos diferenciados. En el grupo de 15 a 29 años, los hombres concentran el 28,8% del empleo, mientras que las mujeres alcanzan el 28,5%, lo que refleja una inserción relativamente equilibrada en las etapas iniciales. Sin embargo, en el tramo de 30 a 44 años, las mujeres elevan su participación hasta 37,8%, superando a los hombres, que registran 36,8%. En efecto, el resultado sugiere que una parte importante de la inserción femenina ocurre en edades intermedias, aunque ello no necesariamente se traduce en mejores condiciones laborales.
El análisis por nivel educativo revela otra dimensión relevante. En los niveles más bajos de escolaridad, los hombres presentan mayor presencia: el 45,6% de los hombres ocupados tiene entre 7 y 12 años de estudio, frente al 37,8% de las mujeres. En cambio, en los niveles más altos, las mujeres superan a los hombres: el 39,4% de las mujeres cuenta con 13 años o más de estudio, mientras que en los hombres esta proporción se sitúa en 29,1%. Esta diferencia evidencia que las mujeres han logrado avances importantes en capital educativo, aunque ello no se traduce plenamente en una mejor inserción laboral.
La categoría ocupacional confirma esta desconexión. El 42,8% de los hombres se desempeña como empleado u obrero privado, frente al 32,2% de las mujeres. En contraste, el trabajo por cuenta propia presenta una distribución más equilibrada: 29,8% en hombres y 30,2% en mujeres. A decir, una parte significativa de las mujeres recurre al autoempleo, muchas veces asociado a actividades de menor escala o menor productividad.
El tamaño de la empresa también marca diferencias. En unidades económicas unipersonales, el 22,2% de los hombres trabaja en empresas “solo”, mientras que en mujeres esta proporción alcanza 23,0%. Sin embargo, en microempresas, los hombres presentan una mayor participación con 45,2%, frente a 34,0% en mujeres. La diferencia indica que los hombres tienden a concentrarse más en estructuras productivas pequeñas, aunque las mujeres mantienen una presencia relevante en emprendimientos individuales.
Uno de los contrastes más marcados se observa en el trabajo doméstico. Solo el 0,9% de los hombres se desempeña en esta actividad, frente a 15,0% de las mujeres, dato que refleja una segmentación ocupacional muy fuerte, en la cual las mujeres continúan concentradas en tareas asociadas al cuidado y al hogar. Este tipo de ocupación suele caracterizarse por bajos niveles de protección social y menor estabilidad, lo que refuerza las condiciones de vulnerabilidad.
Finalmente, los datos expuestos y analizados refuerzan que el desafío no se limita a ampliar el acceso al empleo, sino a mejorar sus condiciones. La evidencia sugiere que el capital educativo de las mujeres no encuentra una correspondencia plena en el mercado laboral. Este desajuste implica una pérdida de eficiencia económica, en la medida en que no se aprovecha plenamente el potencial productivo disponible.
En términos de política pública, resulta clave avanzar en medidas que faciliten la transición hacia empleos formales y de mayor productividad. Esto incluye el fortalecimiento de la capacitación laboral, el acceso al financiamiento para emprendimientos y la reducción de barreras estructurales que limitan la participación femenina en determinados sectores.
Asimismo, el reconocimiento y la redistribución de las tareas de cuidado aparece como un elemento central. La elevada participación femenina en el trabajo doméstico y en servicios personales refleja una asignación desigual de estas responsabilidades. Sin cambios en este ámbito, las brechas laborales tienden a persistir.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones