24 de agosto de 2026

El mercado laboral paraguayo experimentó una expansión entre el segundo trimestre de 2017 y el mismo periodo de 2026, de acuerdo con los recientes datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La población ocupada pasó de 2.751.394 a 3.267.192 personas, lo que representa la incorporación de 515.798 trabajadores y un crecimiento acumulado de 18,7%. Sin embargo, la evolución no fue homogénea entre las áreas de residencia ni entre los distintos tamaños de empresa: la mayor parte del aumento se concentró en las ciudades, mientras que el empleo rural permaneció prácticamente estancado.

El ausentismo luego de los fines de semana y la alta rotación de trabajadores menores de 30 años están complicando a sectores como construcción y gastronomía. Las micro, pequeñas y medianas empresas cargan con el costo de entrenar personal que no genera proyección, por lo que están reorientando sus búsquedas hacia mayores de 30 años.

La fisonomía del mercado laboral global atraviesa una transformación y las empresas en Paraguay no son ajenas a este cambio. Según la 14ª edición de la Encuesta Gen Z y Millennial 2025 de Deloitte, que consultó a más de 23.000 jóvenes, estamos ante el surgimiento de una cohorte de profesionales que rechaza selectivamente las estructuras anticuadas por una búsqueda integral de felicidad y satisfacción.


El mercado laboral paraguayo mantiene diferencias relevantes entre hombres y mujeres que van más allá del acceso al empleo y se extienden a su calidad. Los datos oficiales de 2025 compartidos en la edición anterior evidencian una brecha de género persistente, marcada por la concentración femenina en segmentos de mayor vulnerabilidad.

La estructura del mercado laboral paraguayo mantiene diferencias marcadas entre hombres y mujeres, tanto en el acceso al empleo como en su calidad. Los datos oficiales correspondientes al año 2025 permiten identificar patrones persistentes que atraviesan la edad, la educación, la categoría ocupacional, el tamaño de empresa y el tipo de actividad económica. Este conjunto de evidencias no solo describe una brecha de género, sino que permite comprender cómo se distribuyen las oportunidades laborales y qué segmentos concentran mayores niveles de vulnerabilidad.