En este escenario, Paraguay enfrenta un desafío relevante. A pesar de haber alcanzado una campaña agrícola 2025/26 récord de aproximadamente 12 millones de toneladas de soja, los costos de producción presentan una tendencia alcista significativa. El costo de fertilización pasaría de aproximadamente 2.100 kilos por hectárea a cerca de 3.000 kilos en la próxima zafra, lo que introduciría un cambio sustancial en la estructura de costos del sector agrícola.
Este tipo de aumentos impacta directamente en la rentabilidad del productor y en las decisiones productivas, con una posible reducción en el uso de fertilizantes y efectos sobre los rendimientos.
El comportamiento reciente del mercado de fertilizantes confirma que el sistema agrícola global atraviesa una fase de elevada presión de costos. Entre 2024 y 2026, los precios de los principales insumos registraron incrementos sostenidos, con un repunte marcado en los primeros meses de 2026.
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El Índice de Fertilizantes del Banco Mundial (Pink Sheet) registró un aumento de 26,2%, uno de los más pronunciados entre los commodities, impulsado, principalmente, por la Urea, cuyo precio alcanzó 725,6 dólares por tonelada. Este insumo, altamente dependiente del gas natural, se posiciona como el principal canal de transmisión de las tensiones energéticas hacia el sector agrícola. Si bien en Paraguay, el producto no se precisa para el cultivo de soja, sí se necesita para el maíz.
Otros fertilizantes también reflejan esta tendencia. El DAP (Fosfato Diamónico) pasó de 563,7 dólares por tonelada en 2024 a 685,2 dólares en 2025, manteniéndose en niveles elevados en 2026.
El TSP (Súper Fosfato Triple) y el Cloruro de Potasio presentan aumentos más moderados, aunque sostenidos, lo que confirma una presión generalizada sobre los costos de producción agrícola. En contraste, la Roca Fosfórica se mantiene relativamente estable, lo que evidencia una menor sensibilidad frente a los shocks recientes.
El comportamiento responde a una interacción entre factores estructurales y coyunturales. La dependencia de los fertilizantes respecto a la energía, junto con disrupciones en la logística internacional y conflictos geopolíticos, configura un escenario de alta volatilidad.
La experiencia de la guerra entre Rusia y Ucrania ya había evidenciado la vulnerabilidad de estas cadenas, y el nuevo conflicto en Medio Oriente refuerza esta tendencia, al afectar tanto la oferta energética como las rutas comerciales globales.
Para Paraguay, el impacto trasciende el aumento de costos. El encarecimiento de los fertilizantes modifica decisiones clave de los productores, quienes ajustan la dosificación, priorizan cultivos menos intensivos en nutrientes o reducen la superficie sembrada.
Estos cambios afectan la productividad por hectárea y, en consecuencia, el volumen total de producción. A su vez, se incrementa la necesidad de financiamiento y el riesgo operativo, en un contexto de mayor incertidumbre.
El efecto también se extiende al resto de la economía. Una menor producción agrícola implica una reducción en el ingreso de divisas, menor actividad en el sector logístico y presiones sobre el empleo vinculado al agro. Al mismo tiempo, el aumento de los costos de producción tiende a trasladarse a los precios de los alimentos, generando presiones inflacionarias adicionales.
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Finalmente, la evolución de los fertilizantes se posiciona como un determinante para la economía paraguaya en los próximos ciclos. La necesidad de articular estrategias que aseguren el abastecimiento de insumos, diversifiquen proveedores y faciliten el acceso al financiamiento se vuelve central.
De no mediar respuestas oportunas, el aumento de los costos agrícolas podría convertirse en un factor relevante de impacto económico, en un país donde la producción agropecuaria continúa siendo uno de los principales motores de crecimiento.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones