Cuando el salario mínimo casi iguala al promedio, la formalización se encarece

La suba del salario mínimo supone desafíos para la formalización.Gentileza

Entre 2002 y 2025, el Salario Mínimo Legal Vigente (SMLV) y el salario promedio de los asalariados del sector privado mostraron una trayectoria ascendente en Paraguay. Sin embargo, el dato más relevante no está únicamente en el aumento nominal de ambos ingresos, sino en la estrecha relación que existe entre ellos. La proporción SMLV/S_promedio se mantuvo en niveles elevados durante casi todo el periodo, con valores que oscilaron entre 84% y 109%, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS).

En los primeros años de la serie, la relación fue particularmente alta. Entre 2002 y 2007, el salario mínimo legal llegó a ubicarse por encima del salario promedio. La proporción pasó de 101% en 2002 a 109% en 2007, con registros de 102% en 2003, 103% en 2004, 106% en 2005 y 108% en 2006. Esto significa que, durante ese tramo, el salario mínimo superaba al ingreso promedio observado en el sector privado asalariado.

Desde una perspectiva económica, el comportamiento muestra una fuerte compresión salarial. Cuando el salario mínimo se encuentra por encima o muy cerca del promedio, el mercado laboral presenta poco espacio para diferenciar remuneraciones por productividad, experiencia, capacitación o tipo de ocupación. También puede reflejar una alta concentración de trabajadores en niveles salariales bajos o medios-bajos, donde el mínimo legal actúa como principal referencia.

A partir de 2008, la relación comenzó a disminuir. Ese año se ubicó en 98%, aunque volvió a subir a 101% en 2009. Luego se observó una corrección más clara: 97% en 2010, 94% en 2011, 93% en 2012 y 84% en 2013. Este último valor fue uno de los más bajos de la serie y marcó una mayor distancia entre el salario promedio y el salario mínimo. Aun así, incluso en ese punto, el salario mínimo representaba más de cuatro quintas partes del salario promedio privado.

Entre 2014 y 2019, la relación se mantuvo relativamente estable, entre 84% y 89%. Fue de 85% en 2014, 84% en 2015, 89% en 2016, 87% en 2017 y 89% en 2018 y 2019. Esta etapa sugiere una relación más equilibrada que la observada en los primeros años, aunque todavía con un salario mínimo muy elevado en comparación con el salario promedio.

En los años recientes, la proporción volvió a ubicarse cerca del 90%. En 2020 alcanzó 94%, luego bajó a 92% en 2021, 91% en 2022, subió a 92% en 2023, descendió a 90% en 2024 y cerró en 91% en 2025. En paralelo, el salario promedio superó los G. 3.000.000 hacia el final del periodo, mientras que el salario mínimo también continuó con aumentos nominales, tendencia que se mantiene en el 2026 con el reciente reajuste del 5% del salario mínimo.

El desafío económico está en el equilibrio. Un alto salario mínimo en relación con el promedio puede contribuir a sostener los ingresos de los trabajadores de menor remuneración. Sin embargo, cuando se ubica demasiado cerca del salario promedio, también puede elevar el costo de contratación formal para empresas con baja productividad, especialmente en unidades pequeñas o sectores intensivos en mano de obra.

Por eso, la discusión salarial no puede separarse de la productividad, la formalización laboral y la capacidad de pago de las empresas. Por tanto, la política salarial no solo incide sobre los ingresos, sino también sobre la estructura de incentivos para contratar, formalizar y sostener empleo en el tiempo.

*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones

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