De acuerdo con reportes de El Financiero, en alianza con Bloomberg, este evento de la naturaleza posee el potencial de intensificar la inflación que ya afecta a diversos países. Los expertos advierten sobre el alza en el costo de los alimentos, las materias primas, los materiales para la construcción, y altera las rutas de suministro a nivel mundial.
El fenómeno consiste en un calentamiento persistente de la superficie del océano Pacífico. Cuando los vientos alisios pierden fuerza o cambian su ruta, la temperatura del mar sube y genera lluvias intensas en algunas zonas, mientras que en otras provoca sequías extremas. En Paraguay, el fenómeno provoca distorsiones climáticas en el territorio a través de precipitaciones torrenciales y tormentas eléctricas severas.
Este episodio no es un evento cualquiera. El cambio climático actual, que carga la atmósfera con más calor y humedad, amplifica sus efectos. Por esta razón, los científicos utilizan el término “Súper El Niño” para describir la magnitud de este ciclo. Su intensidad podría igualar a los desastres registrados en las décadas de 1980 y 1990, lo que lo convierte en uno de los eventos más relevantes de la historia moderna.
Lea más: El Niño explicado: qué ocurre en el océano Pacífico y por qué puede cambiar el clima del mundo
La última vez que este fenómeno emergió con fuerza, los efectos se sintieron en productos cotidianos. Los fabricantes de chocolate redujeron la cantidad de cacao en sus barras por el aumento de precios de este grano. Incluso, el precio del jabón subió porque sus ingredientes fueron más difíciles de conseguir.
Para este periodo, las proyecciones son alarmantes. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos prevé que el costo de los alimentos suba un 4,7 por ciento durante el año 2026. El azúcar y el cacao enfrentan el mayor riesgo, con alzas estimadas de hasta el 8,4 por ciento debido a las sequías. De hecho, la historia sirve como advertencia. Entre 2015 y 2016, el mundo perdió 7,8 billones de dólares en productividad debido a este ciclo climático.
La infraestructura global también sufre las consecuencias. El Canal de Panamá ya aplica restricciones al tránsito de barcos debido a los bajos niveles de agua. Esta situación afecta el movimiento de mercancías y de gas natural licuado, un combustible vital para la electricidad en muchos hogares.
En el ámbito marino, Perú suspendió la pesca de la especie anchoveta por el calentamiento de las aguas. Aunque pocos consumidores compran este pez de forma directa, su ausencia encarece la carne de cerdo, aves y otros peces de cultivo, ya que la anchoveta es la base de su alimento.
Lea más: El Niño: ¿En qué consiste y cómo impactaría este fenómeno climático en Paraguay?
La llegada de El Niño coincide con un panorama geopolítico tenso. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya limita el flujo de petróleo y eleva los costos del transporte. A esto se suma la crisis de los fertilizantes. Muchos agricultores usan opciones menos eficaces, como el estiércol o cáscaras de almendra, ante los altos precios de los productos industriales. Un suelo con menos nutrientes, sumado a un clima hostil, genera cosechas más pobres y caras.
En regiones como India, el retraso de las lluvias monzónicas puso en peligro la producción de arroz y aceites. Mientras tanto, en América Latina, las lluvias excesivas dificultan la cosecha y el traslado de café hacia los mercados internacionales. Incluso, el sector textil enfrenta problemas, puesto que la baja producción de algodón eleva el precio de la ropa y de suministros médicos como los pañales.
Los países con menores ingresos enfrentan el peligro más alto, ya que en sus hogares el gasto en comida representa una parte muy grande del presupuesto familiar. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alerta sobre una creciente inseguridad alimentaria y falta de agua en América Latina y el Caribe. Como señala el secretario general de la ONU, António Guterres, los impactos de El Niño serán severos y cruzarán las fronteras con una velocidad devastadora. Es momento de que gobiernos y empresas se preparen para una volatilidad económica sin precedentes.
* Este artículo fue elaborado por MF Economía e Inversiones.