Los impuestos internos generaron G. 16,612 billones, G. 1,592 billones más que los G. 15,020 billones registrados en igual periodo de 2025. En sentido contrario, los ingresos aduaneros descendieron de G. 10,274 billones a G. 9,205 billones, una pérdida interanual de G. 1,069 billones. El resultado es contundente: aproximadamente dos tercios del incremento conseguido por la tributación interna fueron absorbidos por la caída del frente aduanero. El aumento neto de la recaudación de la DNIT terminó limitado a G. 523.403 millones.
La evolución del IVA permite observar con mayor claridad esta divergencia. Durante los primeros siete meses del año, la variación interanual acumulada del IVA interno se mantuvo permanentemente positiva, entre 7,0% y 9,4%, y cerró julio con un crecimiento de 8,1%. El IVA aduanero, en cambio, permaneció en terreno negativo durante todo el periodo: comenzó enero con una caída de 10,8%, mejoró hasta -5,8% en marzo, pero volvió a deteriorarse posteriormente hasta registrar -14,1% en junio y -13,7% en julio.
La propia explicación presentada por la Administración Tributaria apunta directamente al factor cambiario. La apreciación del guaraní reduce el valor en moneda local de las operaciones de importación y, con ello, la base sobre la cual se liquidan determinados tributos. A julio, la base imponible registra una contracción de 5,9%, mientras el IVA aduanero acumula una reducción de 13,7%. Esto implica que una menor recaudación aduanera no necesariamente refleja menos comercio, menor fiscalización o un deterioro de la gestión tributaria.
El problema ya era visible al cierre del primer semestre: las importaciones podían aumentar en cantidad de operaciones y en valoración en dólares, pero al convertirse a un tipo de cambio considerablemente menor que el del año anterior, la recaudación final expresada en guaraníes se reducía.
Aquí aparece una discusión económica más amplia. El Gobierno busca elevar los ingresos tributarios para financiar un presupuesto con crecientes demandas, mientras una fuerte apreciación cambiaria erosiona uno de los componentes de la recaudación. Son objetivos que, sin una adecuada coordinación, pueden terminar avanzando en sentidos opuestos.
El Banco Central del Paraguay (BCP) no interviene en el mercado cambiario desde finales de octubre de 2025, luego de haber tenido una presencia más activa cuando el dólar operaba en niveles superiores. Esto no significa que la autoridad monetaria deba fijar un determinado valor para la moneda con el objetivo de aumentar la recaudación. Su mandato tampoco es compensar los ingresos fiscales. Pero cuando una apreciación de esta magnitud comienza a producir efectos persistentes sobre las cuentas públicas, la coordinación entre política monetaria, fiscal y tributaria adquiere mayor relevancia.
El crecimiento de 2,1% acumulado hasta julio podría, por tanto, haber sido considerablemente mayor sin el deterioro aduanero. Los G. 1,069 billones que dejó de recaudar este componente muestran que el efecto cambiario dejó de ser una discusión exclusivamente financiera. Ya tiene una expresión concreta en las cuentas fiscales y expone el riesgo de mantener políticas que, aunque persigan objetivos legítimos por separado, pueden terminar operando en contrasentido cuando se observa el resultado económico agregado.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.