Dentro de esta transición mundial, América Latina y el Caribe (ALC) presenta una posición favorable por la elevada participación de fuentes renovables, aunque la fuerte incidencia de la hidroelectricidad también expone a la región a cambios en las condiciones hídricas.
El Reporte de Generación Eléctrica de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde) señala que la región produjo 176 TWh de electricidad en mayo de 2026, cifra 7,32% superior a la de abril y 4,1% mayor frente a mayo de 2025.
La hidroelectricidad continuó como la principal fuente, con una participación de 43,4%; seguida por el gas natural, con 24,4%, y la energía eólica, con 11,6%. Más atrás se ubicaron el petróleo y sus derivados (5,8%); la solar (4,7%); la bioenergía (3,8%); el carbón mineral (3,4%); la nuclear (2,4%); y la geotermia (0,5%).
La comparación interanual revela, no obstante, uno de los desafíos de la matriz regional. La producción hidroeléctrica cayó 10 TWh respecto de mayo de 2025, debido a una menor disponibilidad hídrica. Esa reducción recibió la compensación, principalmente, de un incremento de 6 TWh en la generación con gas natural y de 4,4 TWh en la eólica, además de mayores aportes del carbón mineral y del petróleo y sus derivados.
A pesar de esta situación, las fuentes renovables explicaron 64% de toda la electricidad generada en América Latina y el Caribe durante mayo. En el interanual, el indicador fluctuó entre 63% y 72%, lo que confirma la elevada participación de las energías renovables dentro de la matriz regional.
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Paraguay encabeza región
En el escenario señalado, Paraguay alcanzó un Índice de Renovabilidad del 100% en su generación eléctrica en mayo de 2026, el nivel más alto entre los países analizados por Olacde. Costa Rica ocupó la segunda posición (96%); seguida por Uruguay (94%); Brasil (89%); Colombia y Venezuela (82%); Belice (75%); Ecuador (72%) y Perú (66%). 9 de los 27 países miembros superaron el promedio regional de 64%.
Para Paraguay, el desafío económico consiste en transformar esa disponibilidad energética en mayor inversión, industrialización, empleo y valor agregado. Para ello, no basta con producir electricidad de origen renovable. También son necesarias redes de transmisión y distribución capaces de acompañar una mayor demanda, infraestructura adecuada y condiciones regulatorias que permitan a los proyectos evaluar costos y retornos de largo plazo.
El comportamiento regional también deja una advertencia para Paraguay. La caída de la generación hidroeléctrica en ALC durante mayo demuestra que una matriz con alta participación renovable no elimina los riesgos asociados a la variabilidad hídrica. En consecuencia, la diversificación con otras fuentes puede adquirir creciente importancia para fortalecer la seguridad del sistema eléctrico.
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Como se mencionaba, Paraguay parte, sin embargo, de una posición poco común: alcanzó 100% de renovabilidad en mayo frente a un promedio regional de 64%. La ventaja ya existe desde el punto de vista energético. El siguiente paso es convertirla en una ventaja económica capaz de atraer capital, ampliar la producción y generar actividades de mayor valor agregado.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones