El resultado ofrece una lectura relevante para Paraguay porque la innovación no se limita a la producción de tecnología. El índice considera las condiciones necesarias para generarla y los resultados obtenidos mediante más de 70 indicadores vinculados con instituciones, capital humano, infraestructura, sofisticación de los mercados y las empresas, conocimiento, tecnología y producción creativa.
Por ello, una posición baja también refleja dificultades para transformar recursos, inversiones y conocimiento en productos, procesos y actividades capaces de elevar la productividad de la economía.
La distancia regional es significativa. Paraguay registra 21,1 puntos frente a 33,8 de Chile; 33,5 de Brasil; 30,6 de México; 30,5 de Uruguay y 29,8 de Costa Rica. Incluso dentro de Sudamérica, se encuentra por detrás de Argentina, Colombia, Perú y Ecuador, aunque supera a Bolivia. La comparación adquiere importancia en un contexto en el que la capacidad de innovar influye cada vez más en la atracción de inversiones, la sofisticación de las exportaciones y las posibilidades de generar actividades de mayor valor agregado.
Sin embargo, Paraguay cuenta con algunas fortalezas que muestran que el punto de partida no es necesariamente desfavorable.
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La ficha del país elaborada por la OMPI sitúa al uso de energía baja en carbono en el puesto 5 mundial, a las marcas registradas por origen en el puesto 6 y a las importaciones de alta tecnología en el puesto 8. También aparece relativamente bien posicionado en producción de electricidad por habitante, una ventaja particularmente vinculada con la disponibilidad de energía del país.
El desafío económico está en convertir esas condiciones en producción local de conocimiento y tecnología. Entre las debilidades identificadas por la OMPI, Paraguay ocupa el puesto 108 en manufacturas de alta tecnología, el 98 en familias de patentes, el 102 en operaciones de capital de riesgo en etapas avanzadas y el 130 en ingresos provenientes de propiedad intelectual. Esto evidencia una brecha entre la incorporación o disponibilidad de determinadas tecnologías y la capacidad de producirlas, comercializarlas y generar ingresos a partir de ellas.
El problema, además, no es exclusivamente paraguayo. Bloomberg Línea destaca que América Latina y el Caribe mantiene dificultades para conectar investigación, empresas, financiamiento, propiedad intelectual y mercados internacionales.
Brasil es la única economía regional cuyo desempeño innovador supera lo esperado para su nivel de desarrollo y también la única donde el gasto en investigación y desarrollo supera el 1% del PIB. La concentración del capital de riesgo y de los ecosistemas de startups en algunas de las principales economías también limita la expansión regional de la innovación.
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Para Paraguay, el ranking plantea así una agenda que va más allá de escalar posiciones. La oportunidad consiste en aprovechar ventajas existentes para desarrollar capital humano, investigación empresarial, financiamiento y una mayor articulación entre universidades y sector privado.
El verdadero salto ocurrirá cuando esas condiciones permitan producir más tecnología, patentes, servicios y bienes sofisticados desde Paraguay.
En una economía que busca diversificarse y atraer inversiones, innovar no constituye solamente un objetivo tecnológico: es una herramienta para elevar productividad, incrementar el valor agregado de las exportaciones y sostener mayores niveles de crecimiento en el largo plazo.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.