El hombre que hablaba con los muertos

Hoy, día del aniversario de su nacimiento, recordamos al poeta, grabador y pintor británico William Blake (Londres, 28 de noviembre de 1757-12 de agosto de 1827).

William Blake retratado por Thomas Phillips, 1807.
William Blake retratado por Thomas Phillips, 1807.Archivo, ABC Color

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«Y porque soy feliz y bailo y canto,

creen que no me han hecho daño alguno,

y han ido a loar a Dios, a su Sacerdote y a su Rey,

que con nuestra miseria crean paraísos» William Blake.

William Blake fue un hombre que creció rodeado de una fuerte influencia religiosa. Su hermano James era un fervoroso militante del swedenborgianismo, una secta disidente de aquellos años. El poeta nació un lunes 28 de noviembre a las 19:45 horas de 1757. Sus padres tenían un negocio en Golden Square, en el centro de Londres. Desde joven, Blake adoptó una posición insumisa ante la autoridad y todo tipo de jerarquía. Se sintió atraído por la obra de Miguel Ángel, Rafel y Durero, pero su situación económica le impidió matricularse en la Royal Academy School. A pesar de que creía en Jesucristo, Blake siempre fue reacio a los dogmas que proponían la sumisión, pero estudiaba la biblia en sus épocas de aprendiz. Una vez superada esta etapa, fue aceptado por la Real Academia de las Artes. Lo normal en ese tiempo hubiera sido que Blake se uniera al Gremio de Papeleros, pero tomó el camino institucional y poco después se dio cuenta de que lo único que premiaba la academia era la conformidad, y más tarde llamaría a los maestros de la academia «pandilla de canallas a sueldo» (Judy Cox, 2004). Blake también fue parte de los procesos revolucionarios que se vivieron en ese siglo. Por ejemplo, en junio de 1780 hay registro de una manifestación de sesenta mil personas que exigían la revocación de la Ley de Socorro Católico, lo que dio lugar a la Revuelta de Gordon, en la cual el poeta participaría de manera activa, y se salvaría de ser ahorcado cuando vino la represión y acabó con todo signo de insurrección. En agosto de 1782, Blake contrajo matrimonio con Catherine Boucher, una joven muchacha pobre que firmó el registro con una «x». Fue un matrimonio feliz que duró cuarenta y cinco años. William le enseñó a Catherine a leer y a escribir, y ella le ayudaba con los grabados. En 1783, con el auspicio de John Flaxman y Matthew, apareció su primer libro de poemas bajo el título de Esbozos poéticos, pero el poeta ni siquiera vería las pruebas de imprenta. Sus protectores se encargaron de introducir puntos y comas donde lo creyeron necesario, además de poner el título. Dos años más tarde, el matrimonio Blake se trasladaría a una habitación en Poland Street. Pocos años después también se mudaría al mismo barrio el poeta Percy Bysshe Shelley. A la par, Blake continuaba sus exploraciones artísticas, como, por ejemplo, escribir y dibujar de forma directa sobre la lámina de cobre. Esta nueva técnica estaba directamente relacionada con el hecho de que Blake pretendía elaborar libros ornamentales y distinguidos que a su vez pudieran ser adquiridos por personas con bajos ingresos económicos. Admirador acérrimo de John Milton y Thomas Paine, muchas personas tildaron a Blake de lunático. William caminaba por las calles de Londres con un gorro rojo que era símbolo de la disidencia y la radicalidad, de estar en contra de la monarquía. Chesterton (1), quien escribió una biografía de Blake, aunque con un tono bastante moralizante que le venía de su creencia católica, así lo ha defendido en sus páginas:

«De nuevo otra vez, si con locura queremos referirnos a lo incoherente e irrazonable, entonces Blake no estaba loco. Blake fue uno de los hombres más coherentes, tanto en la teoría como en la práctica, que jamás vivieron sobre la tierra. Blake pudo estar profundamente equivocado, pero jamás tuvo lo más mínimo de irrazonable» (p. 78).

En la primavera de 1787 recibiría un golpe del cual no pudo recuperarse: su hermano menor, Robert, había muerto de tuberculosis. Desde entonces, Blake comenzaría a utilizar el bloc de notas de su hermano, que también era grabador, y a hablar con él, y con otros espíritus. Según Judy Cox (2):

«A Blake, su mundo interior le parecía tan real como el mundo físico. No solo veía muertos, sino que hablaba con ellos tan a menudo como con los vivos –o más. Y no era el único. Catherine también tenía visiones, y su serio y respetable hermano, James, veía a Abraham y a Moisés. Los huéspedes imaginarios de Blake eran tan bienvenidos como sus amigos de carne y hueso. John Milton, el poeta de la Revolución Inglesa del siglo XVII, era un visitante regular. Igual que Milton, que había “visto a todos los hombres de Dios convertirse en profetas”, Blake creía que “Todo hombre honesto es un profeta; expresa su opinión tanto en temas privados como públicos”» (p. 39).

Las visiones en Blake estuvieron siempre presentes; de niño, tras haberse demorado en el campo, le comentó a su madre que había visto al profeta Ezequiel, comentario que fue respondido con una bofetada. Cierto día, un amigo de Blake fue a visitarlo a su casa, y encontró al poeta y a Catherine desnudos. Ella leyendo en voz alta el Paraíso perdido, de Milton. Blake solo le dijo: «Como Adán y Eva, ya sabes» (Cox, 2004). En 1793 se le cortó la cabeza al rey en Francia, son tiempos de cambio y hambre. El libro de Blake La Revolución Francesa es retirado de imprenta y comienza a sumergirse en un lenguaje más hermético. Más adelante, se publica El matrimonio del cielo y el infierno, libro fundamental en la obra de Blake. Sigue enfocado en sus obras y sobrevive gracias a los encargos comerciales. Para el año 1800 estaba deprimido y pasaba por problemas económicos, pero tuvo amigos que lo ayudaron, como John Flaxman y William Hayley. Blake fue acusado de sedición en 1803. Siguiendo a Cox, a Blake lo acusaron de lo siguiente:

«Las acusaciones de los soldados eran muy graves. Entre ellas estaba la invitación a “los enemigos de Nuestro Señor el Rey a invadir este reino y seducir y animar ilícitamente y perversamente a los súbditos de Su Majestad para resistirse y oponerse a Nuestro Señor el Rey”. (…) La fianza se estableció en 250 libras, una cantidad altísima que reflejaba la gravedad de las acusaciones» (pp. 85-86).

El poeta fue acusado de sedicioso y de ser malvado por golpear a un soldado. Ya antes había sido acusado de conservador por leer a Milton, a Spenser, a Dante y a Chaucer. La situación empezó a empeorar cuando su abogado defensor se enfermó durante el juicio. Finalmente, sería absuelto, pero socialmente enviado al ostracismo, a la pobreza. Así, en la oscuridad, fue capaz de escribir: «¡Despierta, oh Hermana Montaña! / Déjanos negarnos a coger el Arado y la Pala, el pesado Rodillo y el / afilado / Yugo; ¡quema todos esos campos de maíz, derriba todas esas vallas!». El poeta tuvo algunos mecenas. Los últimos protectores que estuvieron en su vida fueron Cromek, que en cierta manera lo estafaba cuando le encargaba bocetos y dibujos, y también un joven llamado John Linnel, quien le encargó una serie de ilustraciones de los poemas de Dante. La muerte lo sorprendería con este último encargo, cuando la enfermedad que lo aquejaba estaba bastante avanzada. Cierto día, ya en la ancianidad, nos cuenta Chesterton, Blake intentó dibujar a «Dios del natural», y cuando terminó el retrato exclamó: «¿Y qué más puedo dibujar ahora?». Observó a su eterna compañera, Catherine, y le dijo: «Catherine, tú has sido como un ángel para mí; te dibujaré a ti ahora». El retrato se quedó en el olvido. A medida que han ido pasando los años, la figura de Blake ha sido abordada desde distintas perspectivas, y hasta este momento los movimientos artísticos antiestablishment lo han tomado como referente. En una de las entradas del diario de Henry Crabb Robinson, fechada el 18 de febrero de 1826, aparecida en el libro La visión eterna. Cartas, manifiestos y ensayo (Editorial La Felguera, 2021), aparece una entrevista que Crabb Robinson sostuvo con Blake. En esta entrevista, el poeta menciona que lo único que conoce es la Biblia y que hablaba con Voltaire en inglés. Es esto lo que escribe Crabb:

«He vuelto a hablar de la forma de las personas que se le aparecen y le he preguntado por qué no las dibujaba. “No vale la pena. Hay tantas que el trabajo sería excesivo. Además, no serviría de nada. Shakespeare, por ejemplo, es idéntico al antiguo grabado que existe de él, que se considera malo. A mí me parece muy bueno”.

Le he preguntado a Blake por su escritura. “He escrito más que Voltaire o Rousseau. Seis o siete poemas épicos tan largos como los de Homero, y veinte tragedias tan largas como Macbeth”» (pp. 317-318).

William Blake, el hombre que palidecía cuando veía dinero, que escribía cuando se lo mandaban los espíritus, el hombre que creía que todo es obra de Dios o del Diablo, sigue vigente no solo con la fuerza de sus palabras y dibujos, sino también como paradigma para cientos de miles de lectores y creadores, que, aunque no sigan al pie de la letra sus visiones, sí tienen en cuenta su posición frente al mundo, frente a la historia que transcurre y a la cual no podemos ser ajenos. Blake rechazó la monarquía, pero todavía, en pleno 2021, hay grupos de gentes que siguen aceptando a un tirano, ya sea disfrazado de rey, ya sea de presidente, y aunque un libro no vaya a ganar una guerra lo que propuso Blake era para el futuro. Es decir, que llegará el día en que logremos derrocar y aniquilar las viejas, y veces renovadas estructuras del capitalismo, en el que acabaremos con las jerarquías que nos oprimen y al fin podremos cantar junto a William Blake, que nos visitará desde la muerte, sus proverbios del infierno: «Lo que hoy es real, antes solo era un sueño». William Blake murió a las seis en punto un domingo por la noche, 12 de agosto de 1827; así se lo hizo saber George Richmond en una carta a Samuel Palmer (3):

«Dijo que se iba a esa tierra que había deseado toda su vida, y se declaró feliz, y confiado en salvarse por medio de Jesucristo. Justo antes de morir, la faz se le tornó apacible. Se le iluminaron los ojos y se puso a contar todas las cosas que veía en el Cielo».

Las visiones de Blake no escapan a este tiempo en que nos encontramos; que su poesía siga juntando fuerzas para cantar y danzar en la que será la tumba de esta realidad, de este sistema anquilosado, de las leyes y normas de cada época, que tanto anheló destruir. De nosotros dependerá elaborar una nueva visión de lo que llamamos Realidad.

Notas

(1) Chesterton, G. K. (2007). William Blake. (V. León , Trad.) España: Ediciones Espuelas de Plata.

(2) Cox, J. (2004). William Blake. Flagelo de tiranos. (G. Galdón, Trad.) España: Ediciones de Intervención Cultural / El Viejo Topo.

(3) Blake, W. (2021). La visión eterna. Cartas, manifiestos y ensayos. (J. Calvo, Trad.) España: Editorial La Felguera.

Referencias

Blake, W. (2003). Blake. Poesía Completa. Edición Bilingüe. (P. Mañé Garzón, Trad.) Barcelona: Ediciones 29.

Blake, W. (2021). La visión eterna. Cartas, manifiestos y ensayos. (J. Calvo, Trad.) España: Editorial La Felguera.

Bloom, H. (1999). La Compañía Visionaria: William Blake. (M. Antolin Ratto, P. Gianera, Trads.) Argentina: Adriana Hidalgo editora S.A.

Chesterton, G. K. (2007). William Blake. (V. León, Trad.) España: Ediciones Espuelas de Plata.

Cox, J. (2004). William Blake. Flagelo de tiranos. (G. Galdón, Trad.) España: Ediciones de Intervención Cultural / El Viejo Topo.

Raine, K. (2013). Ocho ensayos sobre William Blake. (C. Carmona, Trad.) España: Ediciones Atlanta, S. L.

giancodar@gmail.com

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