En una época donde la música parece consumirse a la velocidad de un scroll, Mocedades sigue defendiendo otro tiempo: el de las palabras cuidadas, las melodías largas y el amor dicho sin cinismo.
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Antes de su presentación en Paraguay junto al mexicano Alex Fernández (nieto del legendario Vicente Fernández), Rosa Rodríguez conversó sobre la vigencia del grupo, las nuevas generaciones y la importancia de “decir cosas bonitas” en tiempos donde, según lamenta, “se pierde un poco el respeto y la magia”.
Es así que Mocedades sigue ocupando un lugar casi milagroso dentro de la música en español: el de las canciones que no envejecen, sino que maduran. Lejos de instalarse únicamente en la nostalgia, la cantante habla de Mocedades como un proyecto que todavía encuentra nuevas formas de dialogar con el presente. “Siento mucha responsabilidad, para empezar, y mucho agradecimiento por poder estar donde estoy y por pertenecer a un grupo con una trayectoria inmensa”, cuenta. “Cada vez que me subo a un escenario y recibo todo el cariño del público, es inexplicable”.
Hay una palabra que atraviesa constantemente la conversación: permanencia. Mientras buena parte de la música actual parece diseñada para consumirse rápidamente, Rosa cree que las canciones de Mocedades continúan encontrando refugio en algo más profundo: las emociones dichas con delicadeza. “Creo que los temas de Mocedades son poemas a los que se les ha puesto una música maravillosa y que no pasan de moda”, afirma.
La explicación, sin embargo, no está solamente en clásicos como Eres tú o Tómame o déjame. Para Rosa, la clave también está en la capacidad del grupo para seguir moviéndose. “Siempre estamos innovando, haciendo duetos con compañeros maravillosos, sacando temas inéditos”, explica. “El secreto no sé cuál es, tal vez habría que preguntárselo al público, pero sí diría que va un poco por esas letras maravillosas con una música fantástica”.
Renovarse sin romper la esencia
En ese sentido, la permanencia de Mocedades tampoco parece apoyarse únicamente en la nostalgia. Rosa habla del grupo como una formación que todavía busca desplazarse, mezclarse y encontrar nuevas formas de habitar canciones que llevan décadas en la memoria colectiva. En los últimos años, esa búsqueda tomó forma a través de colaboraciones con artistas de distintas generaciones y estilos, como David Bisbal, la ex Mecano, Ana Torroja, Morat, Lucero, Fonseca, Alejandro Lerner, Luciano Pereyra, Mijares, entre otros. Una experiencia que, asegura, terminó ampliando no solo el repertorio emocional del grupo, sino también su alcance.
“La verdad es que todos los compañeros han sido maravillosos; todos dijeron que sí en cuanto Mocedades tocó su puerta”, recuerda. Más que elegir una colaboración puntual, prefiere hablar de una suma de sensibilidades: músicos jóvenes, estilos distintos y una voluntad mutua de adaptación. “Nosotros también nos hemos intentado adaptar a ellos y al final han quedado unos duetos fantásticos”.
En su relato aparece constantemente la idea de fusión, casi como una forma de supervivencia artística. Rosa describe esas colaboraciones como “una amalgama” entre generaciones distintas, capaz de acercar las canciones históricas del grupo a públicos nuevos sin perder identidad en el camino. “Nuestras canciones ya van de generación en generación, pero el estar con artistas más jóvenes sí nos ha ayudado a llegar todavía más lejos”, explica.
Esa renovación también ocurre puertas adentro, incluso cuando las canciones siguen siendo las mismas. Después de tantos años interpretando un repertorio tan reconocible, Rosa sostiene que todavía existen maneras nuevas de entrar en él. “Se encuentran nuevos significados, nuevos sonidos y diferentes formas de hacer”, dice. Y aunque para el público muchas veces los cambios sean imperceptibles, para quien vive dentro de la canción cada detalle importa.
“Yo utilizo mi instrumento, que es la voz, y siempre hay alguna cosa que cambias”, cuenta. “Pequeñas cosas que a veces pasan inadvertidas para el público, pero que para nosotros los artistas no”. Quizá ahí también exista parte del secreto: en entender que las canciones no permanecen intactas, sino vivas.
“Se pierde un poco el respeto, se pierde la magia”
En algún punto de la conversación, el tema deja de ser únicamente la música y empieza a desplazarse hacia algo más amplio: la manera en que una época habla sobre el amor. Mientras muchas canciones actuales parecen apoyarse en la inmediatez, la provocación o la agresividad verbal, Rosa defiende otra forma de decir las cosas, una donde el lenguaje todavía conserva cierta delicadeza.
No lo plantea desde la condena generacional ni desde la nostalgia automática, más bien habla desde una incomodidad sincera, casi íntima, frente a ciertas formas contemporáneas de expresar el afecto. “El amor ha existido, existe y existirá siempre”, dice. “La forma de decirlo... bueno, hay formas de decirlo hoy en día que yo no las entiendo muy bien”.
Para ella, el problema no pasa necesariamente por los nuevos ritmos ni por los cambios estéticos, sino por la manera en que el lenguaje modifica también la forma de vincularse. “Si estás con la persona que quieres, lo suyo es que le digas cosas bonitas o en un lenguaje bonito”, reflexiona. Luego se detiene un instante y admite, con honestidad tranquila: “Hay cosas que escuchas hoy y dices: ‘¿cómo puede ser que a una persona que quieres le digas esas cosas?’”.
La conversación deriva entonces hacia una idea que atraviesa gran parte del universo emocional de Mocedades: el respeto como una manera de cuidar al otro a través de las palabras. Rosa lo expresa de forma contundente: “No me puedes decir las barbaridades que a veces se dicen en ciertos temas si de verdad me quieres, porque me faltas al respeto”.
Y la frase más reveladora de toda la charla llega justo después, casi como una conclusión involuntaria sobre el presente: “Se pierde un poco el respeto, se pierde la magia, se pierde todo. Yo creo que el lenguaje es muy importante”.
Ahí aparece, probablemente, una de las razones por las que las canciones de Mocedades siguen encontrando refugio incluso en generaciones que crecieron muy lejos de su época dorada: no hablan solamente del amor, sino también de la forma en que elegimos tratar a quienes queremos.
La persistencia de la ternura
En medio de una conversación atravesada por la memoria, el lenguaje y las formas de amar, también hubo espacio para un momento mínimo y doméstico que terminó revelando el tono completo de la entrevista. Mientras intentaba continuar una pregunta, mis dos gatas interrumpieron brevemente la videollamada. Rosa sonrió al instante: “Tenemos invitados”. La escena duró apenas unos segundos, pero resumió bastante bien el espíritu de toda la charla: cercanía antes que solemnidad, calidez antes que discurso.
Quizá por eso, cuando habla del concierto que Mocedades presentará en Paraguay en la antesala del Día de la Madre, Rosa no lo describe únicamente como un espectáculo musical, sino como una celebración compartida. El show incluirá un recorrido por los clásicos más importantes del grupo, nuevas canciones y la participación especial de Alex Fernández, en una noche pensada para reunir generaciones distintas alrededor de un mismo repertorio emocional.
“Le vamos a cantar al amor, le vamos a cantar a las mamás”, cuenta. Pero enseguida aclara que la idea no es solamente interpretar canciones sobre el escenario, sino convertir el concierto en algo colectivo: “Esperamos que toda la gente que venga cante con nosotros y que sea una fusión mágica para celebrar la vida, las madres, la música, el amor... para celebrarlo todo”.
Y entonces aparece otra de esas frases simples que, en boca de Mocedades, parecen adquirir una gravedad distinta. Rosa hace una pausa breve y concluye: “Porque en esta vida se trata de celebrar, poco a poco, pero celebrar”.
Todavía quedan entradas en venta a través de Ticketea, desde G. 400.000.