A finales de diciembre, muchas personas diseñan nuevos propósitos para empezar a cumplirlos desde el primer día de enero. En ese tramo final del año, es común hacer balance de carencias o excesos y plantear objetivos para “equilibrarlos”: aprender un nuevo idioma, hacer más deporte o reducir —o eliminar— ciertos vicios.
Sin embargo, con el paso de las semanas, una parte importante de esos objetivos queda en el olvido. Entre los motivos más habituales aparecen los compromisos del día a día, la pereza o el hecho de que algunas metas nazcan de una ambición desmedida, informa El País, de España.
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Motivación que nace de un “pico emocional”
Aurora López, psicóloga sanitaria y directora del centro Más Vida, en Málaga, sitúa el origen de muchos propósitos en un impulso emocional más que en una decisión sostenida en el tiempo.
“Primero hay que saber de dónde sale esa decisión. Muchos de esos propósitos vienen de un pico emocional, más que de una decisión consciente. Ese pico en un primer momento nos va a impulsar y a generar toda la dopamina que nos hace tomar las cosas con mucha motivación”, explica.
El problema, según su análisis, es que esa energía inicial no se mantiene durante todo el proceso necesario para instaurar un hábito: “Pero esta dopamina no se mantiene en todo el proceso que se tarda en instaurar el hábito”.
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Falta de estrategia y expectativas desproporcionadas
Más allá del entusiasmo de los primeros días, la psicóloga advierte de un error frecuente: confundir las ganas de empezar con estar realmente preparado para sostener el cambio.
“Muchas veces confundimos las ganas de empezar un hábito con estar preparados y tener una estrategia real para que continúe a largo plazo”, señala López.
En ese contexto, la planificación demasiado exigente, las expectativas desproporcionadas o una motivación que se agota en semanas aparecen como explicaciones recurrentes de por qué muchos objetivos no logran mantenerse a largo plazo.
Otros factores que empujan al abandono
Desistir también se relaciona con la impulsividad o la falta de autocontrol, así como con la autoexigencia y el perfeccionismo, factores que pueden contribuir a que los propósitos se abandonen antes de consolidarse.
Fuente: El País