Desde octubre del año pasado, la calle Iturbe casi Fulgencio R. Moreno de Asunción ha cobrado una nueva vida. Todas las mañanas, de lunes a viernes en el horario de 07:30 a 12:00, el aroma a café recién molido invita a los transeúntes a detenerse en una estación urbana que desafía lo tradicional. Se trata de la cafetería al paso Perro Blanco.
Sebastián Rolón y Cesia, los rostros detrás de este emprendimiento, son los pioneros en traer a Paraguay la tendencia del street coffee. Tras meses de planeación estratégica, decidieron lanzar un producto que no se limitara a lo ya conocido en el mercado local. “Nuestra base era algo que teníamos fijo: era no repetir algo que ya existe en Paraguay, sino que hacer algo nuevo”, afirma Sebastián sobre la génesis del proyecto.
La apertura fue un proceso de curiosidad mutua entre los dueños y los ciudadanos. Desde el primer día de montaje del carrito en la vereda, la gente se acercaba a indagar sobre la propuesta. Con el paso de las horas y los días, aquellos curiosos se convirtieron en clientes habituales, atraídos por la estética y la calidez del servicio.
Billie: El alma detrás del nombre
El nombre del negocio no fue una elección al azar, sino un acto de amor hacia Billie, una Husky siberiana blanca de dos años de edad que hoy es la “host” oficial de la estación. El emprendimiento surgió como una respuesta creativa a una dificultad familiar: Billie (cuyo nombre está inspirado en Bille Eilish) sufría de apego ansioso cuando Sebastián pasaba jornadas de hasta 12 horas trabajando fuera.
“Esta fue la solución a estar más cerca de ella siempre”, explica Sebastián, detallando que antes de esto, la perra se angustiaba tanto que dejaba de comer. La interacción de Billie con el barrio terminó por sellar la identidad de la marca. Al verla siempre en su puesto de “vigilancia”, los niños y vecinos exclamaban constantemente: “¡Mirá, un perro blanco!”, frase que se grabó en los emprendedores hasta bautizar su local.
Café de especialidad al paso
Lo que diferencia a Perro Blanco de un café convencional es el uso exclusivo de granos de especialidad y el rechazo total al café torrado. Cesia destaca que buscan democratizar la bebida: “El café (de especialidad) ya no es un lujo, o sea, es algo que podés tener en cualquier momento”, menciona, refiriéndose a su clientela que incluye desde oficinistas hasta repartidores que no pueden esperar en una cafetería convencional.
El menú ofrece una carta variada
Clásicos: Espresso, latte, americano y cappuccino. Especiales: El aclamado Espresso Honey (con limón, miel de caña y agua tónica), además de café con jugo de naranja o agua tónica.
Según los dueños, el secreto está en la técnica. “Nuestras recetas que son bastante pensadas son las que nos hacen diferente también”, recalca Sebastián, señalando que cada barista aporta su toque único en la proporción y el tipo de agua.
La historia de Perro Blanco es un testimonio de cómo la creatividad puede transformar una necesidad personal en un éxito comunitario. Emprender en la calle implica riesgos, desde enfrentar el clima hasta la incertidumbre diaria, pero para Sebastián y Cesia, la satisfacción de ofrecer una experiencia genuina y ver la “rebuena onda” de la gente es el motor principal.
Aunque al parecer ya planean en secreto expandirse a un local físico o un food truck más grande para el invierno, su esencia seguirá ligada a la libertad de la vereda y la compañía incondicional de Billie.
Al final del día, Perro Blanco demuestra que, con una receta pensada y una motivación auténtica, el éxito se puede encontrar en cualquier esquina, o mitad de cuadra, de la ciudad.