Un grupo de medicamentos de nueva generación ha cambiado el mapa del tratamiento de la obesidad. Sustancias como la semaglutida y la tirzepatida —conocidas por marcas como Ozempic, Wegovy y Mounjaro— actúan imitando hormonas que el organismo produce de forma natural para aumentar la sensación de saciedad.
En ensayos clínicos, estas terapias han mostrado pérdidas de peso de entre el 15% y el 25%, una magnitud que hace pocos años parecía difícil de alcanzar con fármacos, según recoge El País.
Ese potencial, sin embargo, no se traduce de manera uniforme fuera del entorno controlado del laboratorio. En la vida real, el “universo Ozempic” es un mosaico: hay personas que adelgazan mucho, otras que pierden poco y algunas que casi no cambian o incluso aumentan de peso.
Lea más: Ozempic bajo la lupa: cómo afecta a la masa y fuerza muscular según un estudio
También hay diferencias notables en tolerancia: desde quienes lidian con náuseas y vómitos hasta quienes reportan una experiencia más llevadera.
Qué se sabe: edad, sexo, dosis y tipo de fármaco
La variabilidad no es un hallazgo nuevo, pero sigue sin estar completamente explicada. La evidencia acumulada apunta a que influyen múltiples factores: la edad, el sexo, la dosis, el fármaco elegido y el contexto individual de cada paciente.
Aun así, el “por qué” último de la disparidad continúa siendo, en buena medida, una incógnita científica.
Adam Auton, uno de los autores del nuevo trabajo, lo resume en términos de dispersión clínica: en los ensayos con semaglutida, recuerda, la pérdida promedio rondó el 10%, pero hubo personas que superaron el 25% y otras que apenas bajaron o ganaron peso, según las declaraciones citadas por El País. La variabilidad estaba documentada; lo difícil era identificar sus causas.
Lea más: ¿Dejar Ozempic?: un año después, pacientes recuperan el 60 % del peso perdido
La pista genética: dos variantes asociadas a respuesta y efectos adversos
Una investigación publicada este miércoles en la revista Nature introduce un elemento adicional: una base genética que podría condicionar tanto el adelgazamiento logrado como el riesgo de efectos secundarios. El estudio identifica un par de variantes genéticas asociadas a diferencias en la respuesta al tratamiento.
De acuerdo con los autores, estos hallazgos abren la puerta —a futuro— a una medicina más ajustada al individuo: afinar la elección del fármaco, la dosis y la duración de la terapia en función de características biológicas que hoy no se incorporan de forma sistemática en la prescripción.
Un problema práctico: mantener el peso perdido tras abandonar el tratamiento
La heterogeneidad no se limita al periodo de uso. Otra diferencia crucial aparece al interrumpir la medicación: mientras algunas personas logran mantener la pérdida de grasa corporal, otras presentan una reganancia elevada al finalizar el tratamiento.
Lea más: La India apuesta a medicamentos de bajo costo para frenar la obesidad
La fotografía que dibujan los datos es doble. Por un lado, estos fármacos han ampliado de forma drástica las posibilidades terapéuticas frente a la obesidad. Por otro, su rendimiento no es “automático” ni idéntico para todos: depende de variables clínicas conocidas y, según el estudio en Nature, también de diferencias genéticas que podrían ayudar a explicar por qué algunas personas responden de forma extraordinaria y otras no.
Si esa línea de investigación se consolida, el siguiente paso sería trasladar el conocimiento a decisiones clínicas concretas —cómo empezar, cuánto subir, cuánto tiempo mantener— para reducir la incertidumbre, mejorar resultados y anticipar quiénes corren más riesgo de tolerar peor el tratamiento.
Fuente: El País