El golden retriever es conocido por su carácter amable y su manto abundante. Ese pelaje, sin embargo, requiere constancia: no solo por estética, sino porque su estado puede revelar problemas de piel, alergias o una higiene deficiente. Veterinarios y peluqueros caninos coinciden en que la clave está en una rutina simple, bien hecha y adaptada a cada perro.
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Cepillado: la herramienta más importante
El golden tiene doble capa: un subpelo denso que regula la temperatura y una capa externa más larga. Por eso muda con fuerza, sobre todo en primavera y otoño.
En casa, lo recomendable es cepillar entre tres y cinco veces por semana; en épocas de muda, idealmente a diario.
Para evitar tirones y nudos, suele funcionar combinar un cepillo tipo “slicker” (para desenredar y retirar pelo muerto) con un rastrillo de subpelo.
El cepillado debe llegar a la raíz con suavidad, prestando atención a zonas donde se forman enredos: detrás de las orejas, axilas, “pantalones” traseros y base de la cola.
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Baños: menos es más
Bañarlo con demasiada frecuencia puede resecar la piel y aumentar la picazón. En general, un baño cada cuatro a seis semanas es suficiente, aunque puede variar según el estilo de vida del perro (campo, playa, ciudad).
Conviene usar champú específico para perros, enjuagar de forma prolongada y secar muy bien: la humedad retenida en el subpelo favorece malos olores e irritaciones.
Si el perro se ensucia a menudo, se pueden alternar baños completos con limpieza localizada (patas, vientre) y toallitas o champú en seco veterinario.
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Corte y mantenimiento: lo que sí y lo que no
No se recomienda rapar al golden: su manto doble lo protege del calor y del frío, y el rasurado puede alterar el crecimiento del pelo.
En cambio, sí es útil un recorte higiénico en almohadillas, zona genital y flecos excesivos, además de revisar uñas y oídos.
Una visita periódica a peluquería canina ayuda a controlar el subpelo acumulado.
Alimentación, parásitos y señales de alarma
Un pelaje apagado puede relacionarse con dieta pobre, parásitos o alergias. Una alimentación equilibrada y un plan antipulgas y antiparasitario regular suelen marcar diferencia.
Consultar al veterinario es importante si aparecen calvas, caspa persistente, mal olor, enrojecimiento, bultos, lamido compulsivo o caída exagerada fuera de la muda.
Cuidar el pelaje de un golden retriever no exige tratamientos sofisticados, pero sí disciplina. Cepillado frecuente, baños adecuados y vigilancia de la piel son, en la práctica, el “secreto” para que el perro luzca —y esté— realmente bien.