El perfil detallado de cada respiración individual está estrechamente vinculado al de la actividad neuronal en las regiones cerebrales implicadas en la cognición, las emociones y la memoria.
La respiración influye en el pensamiento, la atención, la memoria, la percepción, la regulación emocional y la salud mental en general, al afectar a la actividad de diversas áreas del cerebro.
Una de las formas en que afecta a la actividad cerebral es a través de su relación con los patrones rítmicos de la actividad neuronal (ondas cerebrales).
Cada respiración en reposo se corresponde con la forma de las ondas cerebrales, lo que sugiere que las respiraciones individuales pueden influir en los procesos mentales que afectan a la calidad de vida.
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A partir de una población de pacientes con epilepsia a los que se les había implantado electrodos cerebrales con fines terapéuticos, los investigadores compararon las formas de las ondas cerebrales con las formas complejas y variables que crean las respiraciones individuales.
Conexión mucho más precisa entre la respiración y el cerebro
La forma creada por la inhalación y la exhalación se correspondía con la forma de la actividad neuronal generalizada en las áreas cerebrales que regulan las emociones, la motivación, el placer, el pensamiento, la atención y la memoria.
“Cada respiración tiene, por así decirlo, una huella en cuanto a su impacto en la actividad cerebral y el estado mental”, señaló Eena Kosik-Rose, una de las firmantes del estudio.
Una inhalación más prolongada, una exhalación más lenta u otros cambios en la duración y la intensidad de una respiración se reflejan en los patrones correspondientes de actividad neuronal.
Así, se revela una conexión mucho más precisa entre la respiración y el cerebro de lo que pueden captar las medidas tradicionales, como las respiraciones por minuto.
Los seres humanos tienen un gran control voluntario sobre la respiración, lo que permite modificar conscientemente su ritmo, que normalmente es automático, para actividades como hablar o cantar.
“Puedes detener la respiración durante varios segundos, hacer una inspiración muy profunda o una espiración superficial. Lo que estamos demostrando es que esas diferencias en el patrón de cada respiración se reflejan en el patrón de la actividad cerebral”, agregó.
La investigación muestra que la relación entre la respiración y la actividad neuronal es mucho más compleja de lo que se pensaba, afirmó el también firmante del estudio Bradley Voytek.
En qué consistió el estudio
Para el estudio, se representó cada respiración como un patrón ondulado, en el que los picos y valles se corresponden con los cambios en el flujo de aire al inhalar y exhalar.
Lo siguiente fue comparar la forma de cada onda respiratoria con el patrón correspondiente de actividad eléctrica en el cerebro. A diferencia de una simple medición de la frecuencia respiratoria, este enfoque capta las sutiles diferencias en la sincronización, el volumen y la forma de una respiración a otra.
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Los autores advierten de que el estudio se basó en registros intracraneales de gran precisión con personas sometidas a monitorización de la epilepsia; por ello, los resultados deberán verificarse también mediante métodos no invasivos y en poblaciones más amplias.
No obstante, la idea central es sencilla: una respiración es más que un número, cada inhalación y exhalación contiene información y el cerebro parece seguir esa información con una precisión notable, respiración a respiración, ciclo a ciclo, resaltó la Universidad de California.
El equipo tiene previsto ahora evaluar si el control de la forma en que respiramos influye en la cognición y la salud mental.