¿Cuántas veces podés reutilizar el aceite de cocina? Enterate aquí

Concepto de aceite de cocina, milanesas fritas.Shutterstock

Freír y guardar el aceite “para la próxima” parece inofensivo, pero el calor dispara oxidación, hidrólisis y polimerización: cambia el sabor, baja el punto de humo y aparecen compuestos irritantes que terminan en la comida.

En la sartén, el aceite no solo calienta: también se transforma. Al llegar a temperaturas de fritura (aproximadamente 170–190 °C), el oxígeno del aire y el agua que liberan los alimentos empiezan a romper triglicéridos y a reorganizar moléculas. Ese fenómeno —mezcla de oxidación, hidrólisis y polimerización— explica por qué el aceite reutilizado se oscurece, huele “a viejo” y a veces hace espuma.

Concepto de aceite de cocina.

La hidrólisis ocurre cuando el vapor de agua de papas, milanesas o verduras reacciona con las grasas y libera ácidos grasos libres. Resultado práctico: el aceite se vuelve más “agresivo”, baja su punto de humo y se quema antes. Cuando el punto de humo cae, aumenta la producción de humo visible y compuestos volátiles que irritan ojos y garganta.

En paralelo, la oxidación genera aldehídos y otras moléculas responsables del aroma rancio. Y con el uso repetido, parte de esas moléculas se unen entre sí: es la polimerización, que vuelve el aceite más viscoso y pegajoso, favorece que los rebozados se doren demasiado rápido y que el alimento absorba más grasa.

Concepto de aceite de cocina.

La industria y los controles usan indicadores como los compuestos polares totales: a medida que suben, el aceite ya no se comporta como “aceite”, sino como un cóctel de subproductos de fritura. En casa no se mide, pero hay señales claras: olor acre, color muy oscuro, espuma persistente, textura espesa, humo a temperaturas habituales o sabor amargo en la comida.

¿Entonces cuántas veces se puede reutilizar aceite de cocina?

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No hay un número universal: depende del tipo de aceite, la temperatura y qué se frió.

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Lo que sí es consistente es el proceso: cada recalentada acelera el deterioro.

Para estirar su vida sin engañarse, ayuda mantener la fritura estable (evitar sobrecalentar), filtrar restos carbonizados —que catalizan reacciones— y guardar el aceite en frasco opaco, bien cerrado y lejos del calor.

Si el aceite ya humea “antes de tiempo” o perfuma la cocina con notas rancias, la química ya habló.

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