Dálmata: de los carruajes a los bomberos, la curiosa evolución de la raza más “manchada”

Dálmatas.Shutterstock

Durante siglos, el dálmata acompañó a nobles, soldados y viajeros como perro de carruaje. Hoy, su silueta salpicada de manchas negras se asocia casi de forma automática con los parques de bomberos y con la cultura pop. Detrás de esa imagen hay una historia de adaptación constante a las necesidades humanas.

El origen exacto de la raza sigue siendo motivo de debate. Su nombre remite a Dalmacia, región costera de la actual Croacia, pero los expertos señalan que perros moteados similares aparecen en pinturas y documentos de distintos puntos de Europa desde la Edad Media.

Perro de la raza dálmata, ilustración de 1859.

Lo que sí está claro es que, a partir del siglo XVIII, el dálmata se consolidó como perro de carruaje en Inglaterra y otros países: corría junto a los caballos, abría paso entre la multitud y custodiaba equipajes y establos.

De símbolo de estatus a bombero ágil

Su afinidad con los equinos fue clave. Los dálmatas mostraban una inusual calma cerca de los caballos, a los que acompañaban a largas distancias.

Esa combinación de resistencia física, instinto protector y aspecto llamativo los convirtió en un símbolo de estatus entre aristócratas y comerciantes acomodados.

Perro de la raza dálmata con un sombrero elegante.

Cuanto más elegante el carruaje, más probable era ver uno o varios dálmatas trotando a su alrededor.

Con la expansión de las ciudades y el aumento de incendios urbanos en el siglo XIX, los cuerpos de bomberos profesionales empezaron a organizarse de forma formal. Entonces, la figura del dálmata dio un salto inesperado: pasó de escoltar carruajes privados a acompañar carros de bomberos tirados por caballos.

Su función era múltiple: corría por delante para despejar las calles, protegía los caballos de perros callejeros y curiosos, y vigilaba el material cuando los bomberos combatían el fuego.

El mayor hidrante de fuego del mundo frente al Museo de Bomberos de Texas ubicado en la antigua Estación Central de Bomberos de Beaumont.

En Estados Unidos, esta relación se volvió icónica. Fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX muestran a los dálmatas subidos a los carros de bomberos, integrados casi como un miembro más del equipo.

Dálmata en un vehículo de un departamento de bomberos en exhibición durante un desfile de bomberos.

Incluso cuando los vehículos motorizados sustituyeron a los caballos, muchos parques de bomberos mantuvieron a estos perros como una tradición viva y una herramienta de educación pública: su imagen amigable ayudaba a acercar los servicios de emergencia a los niños.

En el cine y la TV

El cine y la televisión terminaron de fijar el mito. La película animada “101 dálmatas” de Disney, estrenada en 1961 y relanzada en los años noventa, disparó la popularidad de la raza, con consecuencias ambiguas.

El aumento de la demanda fomentó crianzas poco responsables que no siempre respetaron la salud y el temperamento del animal, algo que los especialistas siguen denunciando hoy.

Perro de la raza dálmata en la cama de sus humanos.

Detrás de su estética inconfundible, el dálmata es un perro atlético, inteligente y con fuerte necesidad de ejercicio y estímulo mental. No es, advierten los etólogos, el “peluche” de manchas que muchos imaginan.

Además, la raza presenta particularidades de salud, como la predisposición a la sordera congénita y problemas en el metabolismo del ácido úrico, que requieren controles veterinarios específicos y cierta experiencia por parte del cuidador.

Dálmata.

En algunas estaciones de bomberos siguen presentes como mascotas oficiales, protagonistas de visitas escolares y campañas de prevención. En las ciudades, su figura sigue llamando la atención, recordando una época en la que las sirenas eran cascos de bronce, ruedas de madera y el ladrido de un perro blanco y manchado que abría paso entre la multitud.

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