Parásitos y mascotas: la desparasitación interna y externa no es un tema exclusivo del verano

Gato en la veterinaria.NataKor

Los parásitos no hibernan. Aunque el frío sugiere un alivio para tus mascotas, pulgas y garrapatas persisten afectando la salud de perros y gatos. La desparasitación adecuada es crucial, independientemente de la temporada.

Si tu perro pasea menos o tu gato vive “solo puertas adentro”, es tentador relajarse cuando baja la temperatura. Pero pulgas, garrapatas y parásitos internos no siguen el calendario humano: se adaptan a casas calefaccionadas y climas cada vez más suaves.

El mito estacional: el invierno no los “apaga”

La idea de que los parásitos aparecen únicamente con el calor se queda corta. Muchas pulgas completan su ciclo en ambientes interiores (alfombras, sillones, camas), donde la calefacción y la humedad sostienen su desarrollo.

Gato se rasca.

Y en ciudades con inviernos templados —o con otoños y primaveras largos— como el nuestro, las garrapatas pueden mantenerse activas más meses de lo esperado.

Además, la movilidad humana juega su parte: un viaje, una visita al parque, una guardería o incluso un perro del edificio pueden traer pasajeros no invitados.

Interna y externa: dos frentes distintos y complementarios

La desparasitación externa apunta a pulgas, garrapatas y algunos ácaros, según el producto. No es solo una cuestión de picazón: una infestación puede causar dermatitis, anemia (en cachorros o gatos pequeños) y transmitir enfermedades.

Gato se rasca.

La desparasitación interna se enfoca en parásitos intestinales como lombrices y tenias, que a veces cursan sin síntomas. Algunos tienen importancia en salud pública (zoonosis): no se trata de alarmar, pero sí de entender que convivimos en el mismo espacio.

En ciertas zonas, la prevención se amplía: donde hay mosquitos gran parte del año, el riesgo de dirofilariosis (gusano del corazón) puede ser estacionalmente largo o casi continuo, según clima y región.

“Vive en casa”: por qué igual puede contagiarse

Un gato indoor puede exponerse por vías poco obvias: huevos o larvas que entran en suelas, ropa, bolsos, o por convivir con otro animal que sí sale.

En perros, el contacto con pasto, tierra, charcos o heces en la vía pública aumenta el riesgo de parásitos intestinales incluso en paseos cortos.

¿Cada cuánto desparasitar? La respuesta correcta depende de su vida real

No existe un calendario universal válido para todos. La frecuencia y el tipo de antiparasitario se definen por edad (cachorro vs. adulto), entorno (rural/urbano), clima local, hábitos (parque, caza, guardería), convivencia con niños o personas inmunocomprometidas y antecedentes.

Una persona sostiene una pinza con una garrapata; en el fondo se ve a un perro.

Un punto clave: “desparasitar” no es sinónimo de “dar cualquier pastilla”. Los productos varían (pipetas, comprimidos, collares) y también sus coberturas.

En gatos, por ejemplo, algunas moléculas usadas en perros pueden ser peligrosas; nunca se deben aplicar antiparasitarios caninos “adaptados”.

Señales que merecen consulta

Picazón persistente, granitos en la piel, pérdida de pelo, “trineo” (arrastrar la cola), diarrea intermitente, barriga hinchada en cachorros, vómitos o adelgazamiento pueden aparecer, aunque muchos animales no muestran signos.

Lo más útil y seguro es combinar prevención con controles veterinarios y, cuando corresponde, coproparasitológico para ajustar el plan a lo que circula en tu zona y a la rutina concreta de tu mascota.

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