Detrás de este emblemático lugar está María Ana López, quien con orgullo destaca el trabajo de su equipo. “Me siento muy orgullosa de mis trabajadoras”, expresa. Agrega que cada año recibe a visitantes de distintos puntos del país e incluso del extranjero.
Las vendedoras de esta chipería son todas mujeres cabezas de hogar o madres solteras.
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Muchos de ellos no solo buscan degustar la tradicional chipa, sino también aprender: le piden consejos para emprender y conocer más sobre su técnica de elaboración.
Su sobrino, Víctor López, no oculta la admiración que siente. Recuerda con emoción cómo, a lo largo de los años, varias de las trabajadoras lograron culminar sus estudios gracias al empleo en la chipería, convirtiendo el lugar no solo en un punto gastronómico, sino también en un espacio de oportunidades.
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En esta época de Semana Santa, la tradición cobra aún más fuerza. La elaboración de la chipa se convierte en un verdadero atractivo para quienes desean conocer de cerca el proceso y las técnicas que han pasado de generación en generación.
Más que un alimento típico, la chipa representa un símbolo de identidad y hospitalidad que en Eusebio Ayala se vive con especial intensidad.
Tradición y sabor
Desde hace varios años, hacer una parada en María Ana es una costumbre para quienes recorren la zona. Los visitantes disfrutan de la reconocida chipa barrero, que tiene un costo de G. 5.000, o del combo de chipa con cocido, disponible por G. 15.000, una opción que combina sabor y tradición en cada bocado.
Así, entre brasas, risas y masa amasada con historia, la chipería de María Ana López se consolida como una parada obligatoria para quienes buscan saborear la cultura paraguaya en su forma más auténtica.
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