El intendente de Asunción, Luis Bello (ANR-cartista), recién aterrizado de su viaje a Miami, presume desde hace varios días los “intensos trabajos” de su gestión para la recuperación vial de la capital, tras las últimas lluvias. Pese al discurso del marketing municipal, la realidad en los barrios es otra. La mayoría de las calles y avenidas están destruidas y sin ninguna intervención.
“Estamos operando en tres turnos: mañana, tarde y noche, en más de 10 barrios y más de 60 direcciones, alcanzando más de 230 baches reparados y la colocación de más de 65.000 kilos de asfalto en distintos puntos de la ciudad”, dijo el intendente el jueves, en sus redes sociales.
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En sus posteos, Bello se jactaba de la intervención sobre la avenida Félix Bogado, “optimizando las calles para una circulación más ágil y segura”. Un recorrido de ABC por esta arteria crítica para el ingreso del flujo vehicular a la capital, constató su pésimo estado.
El deterioro más notorio es un cráter profundo que ocupa gran parte del carril de ingreso al centro histórico. Según pobladores, el hueco lleva varios días sin que la comuna se haya acercado a intervenir. Ante la ausencia de respuesta, los vecinos recurrieron a una precaria señalización para evitar accidentes.
Recorrido de ABC: Cráteres y desidia en los barrios céntricos
Las pésimas condiciones son generalizadas en torno al centro de Asunción. Barrios como Mburicaó, San Roque y General Díaz, sufren cráteres profundos y ondulaciones peligrosas en su asfalto. En el primero, la calle Teodoro S. Mongelós, otra importante arteria de ingreso al centro de Asunción, está en pésimas condiciones. Uno de los puntos más peligrosos es la intersección con la calle Tte. Rogelio Santacruz. Un enorme pozo en el carril derecho deja al descubierto el empedrado que está por debajo.
En el barrio San Roque, ya en pleno centro, la calle Herrera esquina Antequera está en pésimo estado. En este punto, el asfalto desprendido por el paso de vehículos pesados, principalmente colectivos, se acumula sobre la vereda. La capa asfáltica tiene pronunciadas y peligrosas ondulaciones. Hasta el tráfico peatonal está en peligro de sufrir caídas accidentales en plena calzada.
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En el barrio Catedral, la calle Fulgencio R. Moreno también está llena de baches. El más peligroso está entre Iturbe y Yegros, donde el asfalto ya no existe y se ve el empedrado bajo la pista.
En General Díaz, un registro sin tapa de la Essap es el terror de los conductores. Abierto en plena calle, señalizado precariamente con bolsas y otros desperdicios, el hueco podría provocar un accidente en cualquier momento, ante la velocidad del tránsito que circula a diario por ahí.
¿Dónde están los US$ 18,2 millones recaudados para pavimento?
Lo más indignante es que en 2025 los ciudadanos aportaron US$ 18,2 millones solo en concepto de conservación de pavimento, monto que superó ampliamente lo presupuestado. Pese a la recaudación récord, el estado de las avenidas sigue en deterioro total. Los contribuyentes cumplen, pero su dinero no se refleja en mejoras para la ciudad.
La falta de un sistema de desagüe pluvial eficiente potencia el impacto de los raudales. Las tormentas destruyen la capa asfáltica y dejan el empedrado al descubierto. Baches profundos quedan ocultos bajo el agua, representando una trampa mortal. Sin inversión real en drenaje, cada lluvia seguirá desmantelando la infraestructura vial.
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El desvío de los bonos provocó además la parálisis de las obras iniciadas, como el desagüe de Santo Domingo o General Santos, cuyos niveles de desarrollo apenas superan el 15% y el 3%, respectivamente. Mientras tanto, Bello hace autobombo con un plan para reparar 400 cuadras de la capital, con fondos de Itaipú y proyectos reciclados de su antecesor.
En algunos casos, como las avenidas Eusebio Ayala y De la Victoria o la calle Azara, los trabajos generan caos vehicular, debido al cierre de media calzada.
La herencia de “Nenecho”: Desvío de bonos y obras paralizadas
La crisis de infraestructura de la capital tiene su origen en el desvío de G. 512.000 millones, durante la administración anterior, a cargo de Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR-cartista). Los bonos G8 (2022), emitidos para la construcción de desagües pluviales, terminaron financiando salarios municipales. De ocho obras prometidas, la gestión sólo inició cuatro y no logró terminar ninguna. Este manejo irregular de fondos públicos dejó a la ciudad desprotegida ante el clima.
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La gestión administrativa deficiente se traduce en un abandono sistemático de la ciudad. Vecinos de barrios como Santa Librada denuncian más de diez años sin soluciones reales del municipio. Las arterias principales se han convertido en zonas de guerra similares a campos bombardeados. La falta de mantenimiento a largo plazo ha colapsado la movilidad de toda la capital.
A los problemas estructurales, Bello responde con soluciones “parche” de nulo rigor técnico. La semana pasada, ABC constató que en la calle Pizarro, obreros de la comuna arrojaron piedra triturada sobre charcos de agua y lodo. En el centro, también se vio a trabajadores municipales realizando recapados bajo la lluvia, comprometiendo la durabilidad de los materiales.
Crisis financiera: El clavo de los bonos para el próximo intendente
La situación financiera se agrava con la acumulación de intereses de los bonos emitidos. Los bonistas reclaman la acumulación de intereses vencidos durante 2025 (la mayoría bajo la gestión de Nenecho). Al monto vencido, G. 812.271 millones ( US$ 12.7 millones) se suman otros G. 9.523 millones (US$ 1,5 millones), de “costos financieros”, reclamados por los bonistas.
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La intimación de pago impuesta por los acreedores, y que el intendente, Luis Bello (ANR-cartista), pretende sea aprobada por la Junta Municipal, “patea” para el 30 de marzo de 2027 los G. 208.891 millones (US$ 32,6 millones) vencidos y por vencer en 2026.
Este “clavo” recaerá completamente sobre quien resulte electo o electa intendente en octubre de este año.