Caacupé: “La violencia y la cultura de la muerte se vencen con el perdón y la reconciliación”, afirma obispo

El obispo de la Diócesis de Caazapá, Mons. Marcelo Benítez, predicó la homilía durante la misa central en la Basílica de Caacupé.

El obispo de la Diócesis de Caazapá, Mons. Marcelo Benítez, llamó a la conversión, la reconciliación y la construcción de una sociedad marcada por la paz, en Caacupé. Advirtió que el mundo atraviesa una realidad golpeada por “la violencia y una cultura de la muerte”.

Monseñor Marcelo Benítez instó a la conversión, la reconciliación y la construcción de una sociedad de paz durante la tradicional misa dominical de las 07:00 en la Basílica de la Virgen de Caacupé.

Advirtió que, lamentablemente, el mundo atraviesa una realidad golpeada por la violencia y una cultura de la muerte. “La violencia y la cultura de la muerte solo se vencen con el perdón y la reconciliación”, resaltó.

Asimismo, recordó que la Fiesta del Perdón de Asís representa uno de los mayores legados espirituales de San Francisco de Asís, quien obtuvo la indulgencia plenaria para todos los fieles arrepentidos y confesados que visiten la Porciúncula, manifestando así el inmenso deseo de que “nadie se pierda” y de “enviar a todos al paraíso”.

Mons. Benítez destacó que la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, conocida como la Porciúncula, fue el lugar más amado por San Francisco, donde nació el espíritu franciscano y desde donde partió la misión evangelizadora de la Orden Franciscana.

El obispo expresó que la Basílica de Caacupé, por ser casa de la Virgen María, también constituye un lugar privilegiado para vivir la misericordia de Dios. Dijo que, de estar hoy presente, San Francisco amaría profundamente este santuario mariano.

En otro momento de la homilía, recordó que Paraguay vive el Año Jubilar Franciscano, bajo el lema “Las sandalias de Francisco, siguiendo sus huellas”, una invitación a abandonar la indiferencia y vivir el Evangelio con sencillez, fraternidad y compromiso.

Llamado frente a la violencia

Uno de los momentos más significativos del mensaje fue cuando el obispo afirmó que la gracia del perdón no puede quedarse en una celebración religiosa, sino que debe traducirse en actitudes concretas.

“La alegría del perdón debe llegar a una sociedad angustiada por la violencia y una cultura de la muerte”, expresó.

Señaló que solamente el amor, la misericordia y la reconciliación pueden generar una nueva esperanza.

También exhortó a los fieles a convertirse en constructores de una “civilización del amor”, inspirados en el ejemplo de San Francisco de Asís y de la Virgen María.

“No pidió años, pidió almas”

Al citar una reflexión del papa Benedicto XVI, Mons. Benítez recordó que cuando el papa Honorio III preguntó a San Francisco por cuántos años deseaba la indulgencia, el santo respondió que no pedía años, sino almas.

Según explicó, ese episodio resume el profundo celo evangelizador del santo, cuya mayor preocupación era la salvación de todas las personas.

Dos desafíos para los cristianos

Al concluir la celebración, el obispo dejó dos desafíos concretos a los fieles: preocuparse activamente por la salvación de los hermanos y trabajar por la reconciliación y la paz, siguiendo el ejemplo de servicio de la Virgen María y de San Francisco de Asís.

Finalmente, animó a los presentes a dejarse transformar por la misericordia de Dios y a ser signos de esperanza en medio de una sociedad necesitada de fraternidad, recordando que “la verdadera fiesta del perdón es la fiesta de la vida que vence a la muerte, del amor que derrota la violencia y de la misericordia que hace renacer la esperanza”.

Como cada domingo, cientos de fieles participaron de las celebraciones eucarísticas en la Basílica de la Virgen de Caacupé.

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