Para el año 2030, se proyecta que la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2006) y los Millennials (1983-1994) representarán el 74% de la fuerza laboral mundial. Esta realidad impone también un desafío para las organizaciones locales: entender qué motiva realmente a estos talentos para evitar una crisis de liderazgo, gestión sin compromiso, profesionales seleccionados no adecuados a los retos de la organización y alta rotación laboral.
Más allá del salario
El informe de Deloitte revela que el éxito para estas generaciones ya no se mide únicamente por el ascenso en la escalera corporativa. De hecho, apenas un 6% de los Gen Z identifica alcanzar una posición de liderazgo senior como su objetivo principal de carrera. En cambio, buscan lo que el estudio denomina la “trifecta”: un equilibrio entre seguridad financiera, trabajo con propósito y bienestar personal.
Aunque son ambiciosos, su lealtad no es incondicional. La fluidez de carrera es la norma: un 31% de los Gen Z planea cambiar de empleadores en los próximos dos años. Este salto de trabajo no es falta de compromiso, sino una estrategia para encontrar estabilidad y mejores oportunidades de aprendizaje en un mundo donde la relación laboral tradicional entre empresa y empleado se ha erosionado.
Lea más: ¿Quién elige a quién?: desafíos empresariales
El mito de la riqueza fantasma
A pesar de las proyecciones globales que sugieren que la Generación Z podría convertirse en la generación más rica de la historia, la realidad cotidiana es excluyente y distinta. Por cuarto año consecutivo, el costo de vida es la principal preocupación de este grupo poblacional.
Casi la mitad de los encuestados (48% Generación Z y 46% Millennials) admite no sentirse financieramente seguro, y más del 50% vive al día.
Para muchos millennials, incluso si poseen activos, se trata de una riqueza fantasma según el estudio: su patrimonio está inmovilizado en bienes poco líquidos como viviendas, mientras sufren el impacto de la inflación en sus gastos diarios.
Esta ansiedad financiera tiene un impacto directo en la productividad: solo el 36% de quienes tienen estas preocupaciones se declara feliz en su trabajo.
La revolución de la IA y las habilidades blandas
La tecnología está redefiniendo las reglas del juego. Más de la mitad de estos profesionales ya utiliza la inteligencia artificial en sus tareas diarias, desde análisis de datos hasta creación de contenido.
Aunque son optimistas sobre cómo la IA puede liberar tiempo para trabajo estratégico, existe un temor latente: el 63% de los Gen Z teme que la IA elimine puestos de trabajo y dificulte el ingreso de los jóvenes al mercado laboral.
Ante este panorama, el aprendizaje continuo es la nueva moneda de cambio. El 70% de los Gen Z desarrolla nuevas habilidades al menos una vez por semana, y lo hacen mayoritariamente fuera del horario laboral.
Paradójicamente, mientras la tecnología avanza, las habilidades humanas se vuelven más valiosas: la empatía, la comunicación y el liderazgo (soft skills) son considerados por el 86% como críticas para el avance profesional.
El rol del líder paraguayo: bienestar, propósito y aprendizaje
Un hallazgo crítico para los directivos locales es la brecha de expectativas respecto a los jefes. Esperan que sus gerentes actúen como mentores que inspiren y ayuden a establecer límites para el equilibrio vida-trabajo. Sin embargo, la percepción es que muchos líderes siguen enfocados exclusivamente en la supervisión de tareas cotidianas (microgestión).
Además, el compromiso ambiental y social ya no es opcional. El 70% de los encuestados considera las credenciales ecológicas de una empresa antes de aceptar un empleo.
No se trata solo de imagen; es una cuestión de identidad. El trabajo es central para quienes son, y si no encuentran propósito en sus tareas, su salud mental se resiente: el 40% de los Gen Z reporta sentirse estresado o ansioso la mayor parte del tiempo.
Las organizaciones que logren crear entornos donde el bienestar sea prioritario, el propósito sea real y el aprendizaje sea constante, no solo atraerán al mejor talento, sino que construirán un ciclo sostenible de éxito.
El futuro de los negocios ya no se trata solo de rentabilidad, sino de la capacidad de evolucionar junto a una generación que demanda, por encima de todo, sentido y humanidad en su trabajo diario.