En ABC Negocios analizamos por qué la competencia no es solo una cuestión de precios, sino el motor para disparar el PIB de los países, reducir la desigualdad y mejorar la calidad del empleo.
Cada paraguayo recibe actualmente 40 centavos por cada dólar que produce, mientras que en economías avanzadas la tarifa es de 81 centavos.
La estabilidad macroeconómica de Paraguay ya no es noticia; es un activo consolidado. Sin embargo, detrás de los reconocimientos internacionales persiste una sombra que impide dar el salto al desarrollo: el estancamiento de la productividad.
No es falta de talento ni de recursos ni de estabilidad. Lo que le falta a Paraguay y a la región es una competencia real, agresiva y transparente.
La tesis es disruptiva: si América Latina lograría niveles de competencia similares a los de las economías desarrolladas, el producto interno bruto (PIB) se dispararía al 11%, la tasa de desigualdad caería un 6%, la participación laboral aumentaría un 5,8% y los trabajadores paraguayos recibirían 80 centavos por cada dólar que producen, no los 40 actuales.
Pero, ¿por qué la falta de competencia sale tan cara?
Un mercado cuatro veces más concentrado
El diagnóstico inicial apunta a que los mercados latinoamericanos están, en promedio, cuatro veces más concentrados que en los países de la OCDE (ver gráfico 1).
Esta concentración no es el resultado de una elevada capacidad empresarial donde ganan los más aptos, sino de un entorno donde las barreras de entrada protegen la llegada de nuevos jugadores más innovadores y competitivos.
En Paraguay y sus vecinos, el fenómeno se siente en el bolsillo. El consumidor latinoamericano paga en promedio, un 15% más por productos básicos de la canasta familiar que un consumidor en un mercado competitivo.
Esto significa que la falta de competencia actúa como un impuesto oculto: golpea fuerte a quienes menos tienen, quienes destinan una mayor parte de sus ingresos a bienes de consumo masivo controlados por pocos actores.
El círculo de la baja productividad
La competencia no solo baja los precios, sino que obliga a las empresas a ser más eficientes, más competitivas, más innovadoras y más rentables.
En un entorno sin competencia, las empresas no necesitan invertir en tecnología ni talento, no necesitan mejorar sus procesos y, lo más grave, no necesitan innovar para retener y captar nuevos clientes.
“La falta de competencia mata la productividad”, señala el informe. En América Latina, las empresas suelen operar con márgenes de ganancia significativamente más altos que en el resto del mundo, alrededor del 35% sobre el costo, pero esa rentabilidad no se reinvierte en desarrollo, crecimiento o mejoras; al contrario, se queda en una renta que no genera valor agregado a la economía nacional, sostiene el BID.
Este escenario crea un techo de cristal para las pequeñas y medianas empresas (pymes). Cuando el mercado está bloqueado por grandes jugadores que controlan la logística, la distribución o el acceso al crédito, las pymes difícilmente pueden escalar.
El costo de no competir: el paraguayo recibe 45 centavos por cada dólar que produce
Uno de los puntos clave es el poder de negociación de los trabajadores. El informe sostiene que en mercados concentrados los salarios son más bajos.
Cuando hay pocas empresas en un sector, el trabajador tiene menos opciones para cambiar de empleo. Esto permite que las empresas mantengan salarios por debajo del nivel de productividad real.
El estudio estima que, en un mercado competitivo, la participación de los trabajadores en la riqueza generada podría aumentar significativamente, reduciendo la brecha de desigualdad un 6% de forma orgánica.
Sin embargo, uno de los datos más reveladores del informe es el concepto de markdown laboral.
En las economías avanzadas, un trabajador se lleva a casa 81 centavos por cada dólar de valor generado. En Estados Unidos, 65 centavos. En Paraguay, la cifra cae dramáticamente: los trabajadores perciben apenas 45 centavos por cada dólar que producen.
¿A dónde van los otros 55 centavos? Se diluyen en la ineficiencia de mercados laborales fragmentados y en el poder de mercado de empresas que, ante la falta de competidores, no tienen incentivos para pujar por el mejor talento.
La brecha entre ganancias empresariales y salarios se ha disparado desde los años 80. Para el trabajador paraguayo, la falta de competencia es un impuesto invisible que drena su capacidad de consumo y su esperanza de ascenso social.
El impulso de la economía digital
El informe rescata que la revolución digital está haciendo lo que las leyes no pudieron en décadas. Las fintech están obligando a los bancos tradicionales a bajar comisiones y mejorar servicios. El comercio electrónico está permitiendo que un emprendedor compita con una gran tienda de retail.
Sin embargo, el BID advierte no bajar la guardia. Los “monopolios digitales” son la nueva ventana, y la regulación debe ser lo suficientemente ágil para evitar que el 11% de crecimiento potencial se pierda en las nuevas plataformas tecnológicas (ver gráfico 2 y 3).
Sectores críticos: banca, telecomunicaciones y energía
El BID identifica sectores donde el poder de mercado es particularmente disruptivo. En el sector bancario regional, los activos concentrados en los cinco bancos más grandes representan el 79% del total, frente al 51% en economías desarrolladas.
Esta concentración se traduce en un retorno sobre activos (ROA) significativamente más alto para los bancos latinoamericanos, lo que empuja al alza las tasas de interés y limita el acceso al crédito para el consumo y la inversión productiva.
Para Paraguay, donde el sistema financiero ha mostrado una solidez notable, el reto consiste en fomentar la entrada de nuevos actores y aprovechar tecnologías digitales para reducir los costos de intermediación.
En telecomunicaciones, la historia se repite. La alta concentración genera precios que actúan como un freno de mano para la digitalización, sobre todo de las micro, pequeñas y medianas empresas.
El estudio Travesía 4.0 del BID revela que el 74% de las firmas industriales paraguayas utilizan tecnologías atrasadas y no tienen planes de inversión digital, frente a un 6% de empresas que están en la cima tecnológica.
La brecha digital no es solo técnica; es competitiva. Sin servicios de conectividad a precios de mercado global, las mipymes nunca podrán integrarse eficientemente en las cadenas de valor internacionales.
El dilema energético paraguayo
Un caso singular y de gran relevancia para el desarrollo nacional es el sector energético. Paraguay ostenta el título de ser uno de los mayores productores de energía renovable 100% per cápita del mundo gracias a sus hidroeléctricas.
No obstante, esta abundancia en la generación no se traduce en una ventaja competitiva plena para la industria local. El problema fundamental radica en la transmisión, distribución y comercialización de la energía.
Las industrias instaladas y las potenciales nuevas inversiones enfrentan la realidad de cortes de luz constantes y una infraestructura que no garantiza el suministro estable necesario para procesos de alta tecnología.
Esta deficiencia actúa como un “cuello de botella” que protege a las empresas y desincentiva la entrada de nuevos competidores en sectores intensivos en energía.
La modernización del sistema eléctrico paraguayo es una pieza esencial de la política de competencia para permitir que la energía abundante se convierta en un motor real de desarrollo industrial.
La ruta a la competitividad
La competencia no nace sola; se construye. En muchos casos, es el propio Estado el que, a través de regulaciones, permisos interminables y sistemas tributarios complejos, impide que un emprendedor compita.
Para alcanzar ese 11% de crecimiento, el BID recomienda:
- Potenciar la Conacom: pasar de ser un órgano reactivo para ser un jugador central. Necesita presupuesto y autonomía para sancionar prácticas anticompetitivas y desmantelar barreras regulatorias innecesarias.
- Digitalización de las mipymes: reducción en los costos de conectividad y una simplificación de trámites de exportación.
- Formalización y capital humano: reducir el markdown laboral requiere que la productividad del trabajador aumente. Esto solo ocurre con capacitación basada en competencias y un mercado laboral más dinámico que premie el esfuerzo y el talento.
- Digitalización de trámites: eliminar la burocracia que solo las grandes empresas pueden costear mediante equipos legales masivos.
- Apertura comercial inteligente: exponer a los mercados locales a la competencia internacional para forzar la modernización.