Cuatro generaciones, 77 años y la meta de llegar a 100

Cuatro generaciones, 77 años y la meta de llegar a 100Archivo, ABC Color

Ganadera Alborada SA desteta 8.000 terneros por año, opera 5 establecimientos en el Chaco y San Pedro, y es parte del 1% de empresas familiares que sobreviven a la cuarta generación. Su clave no es solo el campo y la producción: es un protocolo de familia, datos en la nube, mujeres al frente de cada estancia y comunicación efectiva.

En 1949, don Luis Fernández compró su primera estancia en el Bajo Chaco. No tenía más plan que trabajar y crecer. Setenta y siete años después, Ganadera Alborada SA mueve 12.500 hembras al servicio, confina novillos hasta los 530 kilos y tiene a cuatro generaciones de la misma familia sentadas alrededor de la misma mesa.

Diego Velázquez, director de la empresa e integrante de la tercera generación, lo resume con precisión quirúrgica: “Mi objetivo es dejar las bases sentadas para llegar y superar los 100 años. No muchas empresas familiares en el mundo lo logran”.

Cría y recría de hembras en el Chaco, y recría de machos y feedlot en San Pedro

El esquema productivo de Alborada está diseñado como una cadena sin eslabones flojos. La cría se concentra en el Bajo Chaco —Estancias Alborada, Pozo Azul y Las Mochas—, donde el rodeo opera con una preñez del 78% y un destete del 64%. La meta es llegar al 73-74% en los próximos años.

Una vez destetados, las hembras permanecen en la región Occidental para recría y los machos viajan a San Pedro, a la Estancia Felicidad. Entran con 200 kilos, reciben suplementación estratégica en pasturas, y cuando alcanzan los 350 kg ingresan al confinamiento. Entre 100 y 120 días después, salen con 500 a 530 kilos rumbo a faena.

“Hicimos un análisis que duró seis meses y descubrimos que los animales propios generaban entre el 80 y 95% de la rentabilidad del confinamiento. Los animales comprados licúan las ganancias si fallás en la selección”, comenta Diego Velázquez.

La decisión fue contundente: reducir la compra de desmamantes y apostar al animal propio. A la escala que opera Alborada, cualquier error o acierto se amplifica.

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Entre el 1% que llega a la cuarta generación

El Ing. Agr. Arturo Weiler llegó a Ganadera Alborada en mayo de 2017. Antes de incorporarse, terminó su tesis de maestría en la Universidad Austral de Argentina con un dato que hoy repite de memoria: solo el 1% de las empresas familiares superan la tercera generación.

“El 52% de las empresas familiares pasan a la segunda generación. Solo el 8% supera la tercera. Y apenas el 1% llega a la cuarta. Ser parte de ese 1% no es poca cosa”, cuenta Arturo Weiler, gerente Comercial y Administrativo.

Weiler, que hoy representa la cuarta generación dentro de la empresa, pasó por todas las áreas antes de asumir la gerencia. Esa formación integral, dice él, es lo que le permite entender cada engranaje del negocio sin depender de intermediarios.

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Para Arturo el secreto de la longevidad del negocio familiar es la comunicación: “A medida que una empresa familiar crece y se atomiza en más accionistas y más ramas de la familia, el mayor riesgo es que la información se fragmente”.

Para combatirlo, apostaron por tableros interactivos en Power BI, grupos de WhatsApp y datos en la nube accesibles desde cualquier lugar del mundo.

Su primera gran intervención fue la digitalización de la información. Hoy, cada director puede acceder desde cualquier punto del mundo al tablero en tiempo real de la empresa.

“Un director puede estar en Europa y tener en su celular la información del campo en tiempo real. Eso genera confianza. Y la confianza es todo en una empresa familiar”, sostiene.

El otro cambio que impulsó no es menor y dice mucho sobre la cultura de la empresa: la bancarización de los 150 a 200 empleados. Durante décadas, la empresa llevaba el efectivo en avión hasta las estancias. Era una tradición con trasfondo humano. Pero también implicaba logística, seguridad y riesgo. Hoy todos cobran por transferencia, tienen tarjeta y billetera digital.

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El “Mbarete” femenino en la gestión ganadera

María del Mar Fernández, licenciada e integrante de la tercera generación, entró a la empresa como recepcionista. Pagaba sus estudios con ese sueldo, trabajaba de día y cursaba de noche. Hoy supervisa las cinco unidades productivas y viaja semanalmente a las estancias para controlar procesos y medir indicadores.

Bajo su impulso y el de toda la dirección, Ganadera Alborada tomó una decisión que rompe con la tradición del sector: poner mujeres al frente de cada establecimiento.

“En el sector ganadero siempre predominaron los hombres. Como familia decidimos apostar por las mujeres en las cabezas de nuestros establecimientos. Y los resultados hablan solos”, comparte María del Mar Fernández, directora de Ganadera Alborada SA.

Hoy, la Dra. Cynthia Benítez lidera Pozo Azul, la Dra. Selva Sosa conduce la Estancia Alborada y la Ing. Araceli Yaryes está al frente de la operación en San Pedro.

Diego Velázquez no tiene dudas sobre por qué funciona: “La mujer que logra tener a toda la tropa alineada y que le responden... no hay quien la pare. Son ordenadas, honestas, previsoras, más humanas. No en vano se dice que la mujer paraguaya es la más mbarete del mundo”.

Banco Sudameris: el aliado detrás de la operación

El negocio ganadero tiene dos caras que no siempre se ven juntas: el valor inmobiliario —la tierra y el capital operativo, los animales y las plantaciones. La tierra no genera flujo. Todo lo que produce rentabilidad está “plantado para arriba”.

Para sostener la operación, compra de insumos, retención de hacienda, desarrollo de pasturas, Alborada trabaja con Banco Sudameris como aliado estratégico. Velázquez destaca que la clave no es solo acceder al crédito, sino saber qué instrumento tomar en cada momento: largo plazo para tierra, cuatro años para retención de animales, capital corriente a uno o dos años para confinamiento.

Marilé Fernández, María del Mar Fernández, Diego Velázquez y Arturo Weiler.

El mensaje de los que llegaron lejos

77 años no se construyen solo con rentabilidad, se construyen con recuerdos. Diego Velázquez lo dice con convicción: los líderes de una empresa agropecuaria familiar tienen la responsabilidad de hacer que las generaciones más jóvenes generen amor por el campo.

“Que se reúnan en Semana Santa, que haya un asado con los colaboradores, que haya música. Esos recuerdos son los que van a hacer que el día de mañana no quieran desprenderse de la empresa”, comenta Velázquez.

A 77 años de aquella primera estancia en el Chaco, Ganadera Alborada no solo produce carne: produce historia. La de don Luis y doña Beba, la de sus hijos, la de sus nietos y la de quienes hoy, con datos en el celular y botas de goma en el potrero, apuestan a que ese legado supere el siglo.

Para Arturo Weiler, el horizonte es claro: el mercado no perdona la ineficiencia. Quienes trabajen con seriedad van a crecer. Los que no, van a desaparecer. Ganadera Alborada lleva 77 años eligiendo el primer camino.

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