Cada novillo que entra a faena vale hoy más dólares que nunca. Del otro lado de la tranquera, el ganadero hace cuentas con un dólar que no ayuda y con vacas que prefiere guardar para tener más terneros. Es la ganadería de dos caras que vive Paraguay: precios internacionales de récord y márgenes que no terminan de reflejarlos.
Para Rafael Tardáguila, especialista uruguayo en mercados agropecuarios, el lado bueno de la moneda tiene cuerda para rato. “Creemos que esto puede durar por lo menos dos años, como para que los productores puedan hacer sus previsiones”, afirma.
Estados Unidos es el nuevo motor
“Realmente hay una intensidad de la demanda internacional muy inusitada”, describe Tardáguila.
El cambio está en quién compra. Hasta hace un año y medio, la demanda se apoyaba en China. Hoy el motor es Estados Unidos, golpeado por sequías consecutivas que diezmaron la producción de terneros, redujeron la faena y obligaron a retener vientres para recomponer el rodeo.
El resultado se ve en las importaciones. Estados Unidos compraba hasta 2022/2023, 1,5 millones de toneladas de carne; hoy importa 2,5 millones. “Es un millón de toneladas más, y eso a Paraguay y a los países que le venden les conviene”, resume.
Un ciclo que da plazo
La ventaja de la ganadería, explica el analista, es que sus ciclos son largos y permiten mirar adelante con cierta anticipación. “Más o menos te da un año y medio de plazo”, señala.
Eso no significa que no haya riesgos. “La garantía de que no va a pasar nada, con guerras, con el petróleo arriba de los US$ 100 o con el clima, no existe en ninguna actividad empresarial”, aclara. Pero en el horizonte de uno o dos años, todas las señales apuntan a una demanda de exportación muy firme.
Productor y frigorífico, el tira y afloja de siempre
La tensión entre ganaderos y frigoríficos, sostiene Tardáguila, es parte del negocio y no va a desaparecer. “El productor va a querer vender más caro y el frigorífico va a querer comprar más barato. Cada uno busca su negocio, y eso no va a cambiar”, dice.
La clave, a su juicio, es una relación madura que permita acuerdos de mediano y largo plazo entre proveedor y comprador.
Como referencia menciona el Instituto Nacional de Carnes (INAC) de Uruguay, donde frigoríficos, productores y Gobierno se sientan cada semana en la misma mesa. En Paraguay hubo intentos de crear una institución similar, recuerda.
Taiwán o China
La relación con Taiwán es, para el analista, una decisión política. Hoy Paraguay está bien posicionado, con Taiwán como cliente y la fuerte demanda estadounidense, pero advierte que el escenario puede cambiar.
“Eventualmente, China va a volver a ser el mercado más importante y Paraguay lo va a volver a sufrir”, anticipa.
La ventaja del gigante asiático es que compra todos los cortes. “Tiene una predilección por el garrón y el brasuelo, músculos que para nosotros son durísimos. Para China es como la picaña para el brasileño o la colita de cuadril para el uruguayo, y pagan carísimo”, ilustra.
Mercados que faltan
Paraguay ya tiene abiertos Canadá, Estados Unidos y, recientemente, México. Pero falta Japón, un destino que, según Tardáguila, paga US$ 12.000 por tonelada de lengua vacuna, cuando otros mercados pagan como máximo US$ 4.000.
En la lista de oportunidades suma a Indonesia, Filipinas y Tailandia, con gran potencial de crecimiento, y al mundo musulmán, donde los grandes exportadores ya están apostando fuerte.
Vacunar y sin discusión
Sobre la posibilidad de dejar de vacunar contra la fiebre aftosa, la postura del analista es tajante. “Yo, como uruguayo, te digo: ponés en la balanza, y dejar de vacunar sería una locura”, afirma.
Reconoce que la producción porcina crece en Paraguay y que los mercados que mejor pagan por el cerdo exigen el estatus de libre de aftosa sin vacunación. Uruguay, en cambio, es importador neto de cerdo, por lo que el cálculo es distinto.
El problema es el riesgo sanitario de la región. “Si te entra aftosa en un continente que no es seguro, te saca de un plumazo de todos los mercados, y después tenés que reconquistarlos uno a uno, además de volver a vacunar. La pérdida económica en ese ínterin es enorme”, advierte.
Más proteína para la dieta
Hacia adelante, Tardáguila ve un factor inesperado a favor de la carne: los medicamentos para adelgazar. Quienes los usan comen menos y necesitan que cada porción tenga alto valor nutricional y proteico. “No hay nada mejor que la carne vacuna”, sostiene.
Su conclusión es clara: un mercado bueno para el ganadero por un par de años, “seguro y casi seguro 2027 y 2028”.