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Si los ajustes se hacen en Salud o Educación, la consecuencia será que la ciudadanía, que ya tiene un mal servicio, estará peor.
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Los datos que se están publicando en nuestro diario dicen que varios ministros y autoridades, como el inefable KachiBachi, tienen millonarias bonificaciones, mientras la gran mayoría pena para llegar a fin de mes.
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A esto debemos agregar la jubilación vip que reciben los parlamentarios que gua’u fue reformada, pero que en realidad sigue siendo un privilegio, dado que en cualquier momento pueden recurrir al presupuesto público.
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Al menos algunos no se la llevan de arriba. En la inauguración del torneo nacional de fútbol de salón, la gente que concurrió se dio el gusto de abuchear a algunos diputados y KachiBachi.
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Igual, a KachiBachi, uno de los afectados, no le entra bala. Cuando le preguntaron del tema dijo que esperaba que la próxima vez lo abucheen más fuerte. Los votantes deberían tomar nota de la soberbia de este personaje.
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Pasada ya la mitad del mandato de esta administración, está muy claro para todos que el gran objetivo de quienes asumieron el poder es acceder a los recursos públicos para enriquecerse.
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En realidad, nunca les importó que la ciudadanía esté mejor sino solamente ellos y así lo demuestran a cada momento.
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Ni hablar de ayudar a la gente más necesitada, como los pueblos indígenas, cuyos integrantes son tratados en forma inhumana y sin contemplaciones.
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Como soberbios e insensibles que son, no tienen en cuenta que la gente no es tan ingenua como ellos creen y la reacción vendrá en las urnas, si no es antes incluso.
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Ante el negro panorama electoral que se les viene, el cartismo recurre a sus tentáculos en el Poder Judicial para perseguir a sus enemigos políticos.
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Incluso utilizan ese recurso contra quienes osan denunciar hechos de corrupción. O si no, preguntarle a Ysidro Rivas, intendente de Tomás Romero Pereira, que logró que una jueza impute a los concejales que lo denunciaron.
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Sin embargo, estos personajes están jugando con fuego al tensar la paciencia de la gente. Corren el riesgo no solamente de perder sus privilegios sino también de terminar con sus huesos en alguna celda.
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La primera imagen que los visitantes tienen del gigante que se despierta, que es como promociona al país SantiPet en sus continuos viajes, es un aeropuerto que mejoró algunas cosas, pero en otras da lástima.
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Para los extranjeros se hace una fila para migraciones que es exageradamente lenta. Luego, para rescatar maletas hay dos cintas cortas y se activa solo una, en lugar de ambas (al no haber vuelos coincidentes) para agilizar el tortuoso trámite.
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Y al salir del edificio, el caos. El estacionamiento se está arreglando hace un mes, pero las veces que pudimos estar por allí nadie trabajaba. Nadie sabe dónde estacionar ni por dónde transitar. Un verdadero escándalo.