Las medidas “preventivas” son muy atractivas y son demasiado peligrosas. Son atractivas porque tienen un componente de prudencia que llama a toda persona inteligente a suponer que “es mejor prevenir que curar”. Son peligrosas porque implican renunciamientos que son innecesarios en la normalidad.
Israel lanzó un fulminante ataque “preventivo” contra sus belicosos vecinos árabes el 5 de junio de 1967 y los derrotó decisivamente en seis días (la “Guerra de los Seis Dias”). Hoy sabemos más allá de toda duda razonable que la acción israelí fue prudencia pura. Y dura. La “prevención” salvó a Israel de la aniquilación y ahorró incluso muchas vidas árabes.
El 20 de marzo de 2003 Estados Unidos lanzó un asalto “preventivo” contra Irak, que fue aplastado totalmente para el 9 de abril (la caída de Bagdad), con la excusa de que los iraquíes almacenaban armas de destrucción masiva. Hoy sabemos, también sin duda alguna, que la “prevención” norteamericana fue sólo un disfraz para desarrollar una guerra de agresión que cargó al pueblo norteamericano con más de cuatro mil muertos innecesarios e ocasionó decenas de miles de muertos inocentes al pueblo iraquí, porque en Irak no había armas de destrucción masiva.
Con lo de Irak ya no se ve tan ventajosa la “prevención”.
Durante la noche del 31 de agosto de 1939 fue “atacada” una estación de radio alemana, la “Sender Gleiwitz”, en la frontera polaca. En las horas siguientes, la 04:45 de la mañana del 1 de setiembre de 1939, Alemania lanzó su asalto “preventivo” contra Polonia. La “prevención” le costó a Alemania más de doce millones de muertos y causó la muerte de otras cuarenta y cinco millones de personas inocentes durante los seis largos años que duró la Segunda Guerra Mundial así desatada.
Esa “prevención” alemana ya no tiene nada de simpática. Se torna trágica, dramática.
En el tema covid, los médicos que han sido inconstitucionalmente puestos a cargo de la situación, alegan la necesidad de “prevención” para justificar medidas restrictivas de derechos, desde los referidos a los viajes hasta los de “distanciamiento” y eventualmente cuarentenas.
Pero la “prevención” que toman es más parecida a la alemana o a la norteamericana, basada en meras conjeturas o en meros inventos, que a la israelí, basada en evidencias. Los daños son proporcionales.
Y aunque fuera parecida a la israelí, basada en evidencias, que no lo es, la “prevención” de los médicos debería centrarse en equipar al sistema de salud y proveer vacunas y tratamientos y nunca en restringir derechos, pues los derechos jamás pueden depender, al menos no en las sociedades libres, de las necesidades del gobierno, cualesquiera que fueran.