A los políticos les preocupa qué dice el individuo en la calle, en los negocios, en las escuelas, en las casas y los colectivos. Quieren saber qué ideas se tejen en esas cabezas y por lo tanto, hacia donde se dirigen las preferencias. O sea las tendencias. En estos tiempos de proselitismo, escuchamos de todo, propuestas increíbles, versos literarios, pensamientos mágicos, ideas brillantes, poemas conmovedores y diseños de futuros, que tal vez, nunca podrán realizarse. Es que una cosa es la teoría, los sueños, proyectos e ilusiones. Y otra cosa es la práctica, la realidad y la vida cotidiana.
El ser humano necesita desesperadamente creer y mantener viva la esperanza de que vendrán tiempos mejores personas honestas y capaces de cumplir esas promesas tan bellas.
Una y otra vez nos equivocamos y repetimos patrones de conductas. Depositamos la confianza en políticos que ya nos mintieron mil veces. En corruptos que se enriquecieron con la actividad política y de cuyos orígenes de fortuna, se dudan. Llegan al poder para apoderarse de los bienes del pueblo y llevar a sus casas el patrimonio de todos. Entonces, la plata que debe invertirse en salud, educación, seguridad, vivienda y trabajo, paran en los bolsillos de estos sinvergüenzas y nos quedamos pobres, sin una buena calidad de vida.
Todos somos víctimas de este sistema corrupto, obsoleto e ineficaz. Los niños y jóvenes reciben una educación mediocre, no hay insumos en los hospitales, la inseguridad crece cada día, falta trabajo y los precios de la canasta familiar suben por las nubes. Juan y Juana pueblo sufren en carne propia estas situaciones, indignados e impotentes, sin poder hacer nada. Esta realidad es la que hay que tener en cuenta en el cuarto oscuro, a la hora de votar, de elegir a las autoridades. Sin importar el color ni la ideología. Tenemos que votar proyectos y personas confiables.
El papel de la opinión pública es decisiva en este momento. Sobre todo si queremos transformar las cosas que están mal. Por lo tanto, tenemos que reunir la mayor cantidad de información posible de los precandidatos que irán a escrutinios. Observar sus testimonios de vida, trabajos realizados o trayectorias. Preparación académica, ideas, lenguajes y discursos. Todo hay que analizar a tiempo. Y hay que eliminar a los que fallaron y se ensuciaron en actividades ilícitas.
Debemos elegir a candidatos de vidas sobrias y respetables.
Sea cual sea el ganador en las próximas elecciones, tendrá que poseer el perfil de un verdadero estadista, capaz de transformar el destino de la patria. No bastarán las buenas intenciones. Tendrá muchos desafíos en el plano socio-económico. Diseñar una nueva política económica para terminar con la pobreza y elevar los estándares de vida. Una sociedad más justa e igualitaria se logrará creciendo en desarrollo y con trabajos bien remunerados.
El Estado benefactor no funciona de ningún modo. El gobierno no puede subsidiar todo. No puede malgastar ni hacer dádivas cuantiosas a todo el mundo. Con una mejor distribución de la riqueza, con honestidad y patriotismo, se pueden conseguir cambios. La opinión pública está alerta y siguiendo el curso de los acontecimientos todo el tiempo. Los políticos deben hacer buena letra.
De lo contrario, los electores les pasarán la factura. No solamente criticando o denostando sobre sus malos ejercicios sino borrándolos en el cuarto oscuro.