El término remite al campo jurídico y se relaciona con el ámbito laboral, a veces, y, particularmente con el ámbito militar, acerca de la obligación jurídica de grupos de personas de obedecer a sus jefes o superiores jerárquicos.
La discusión sobre la “obediencia debida” se planteó abiertamente en Argentina por el juicio contra los integrantes de las Fuerzas Armadas de ese país que ejercieron el poder de 1976 a 1983, perpetrando delitos de lesa humanidad, como persecuciones, torturas y asesinatos. Los militares de menor jerarquía pretendieron escudarse en el argumento de que solo siguieron órdenes cuando cometieron delitos atroces, entre los que se incluyeron violaciones y robos de bebés.
Guardando las distancias, el remanido llamado al “abrazo republicano” entre los colorados es una suerte de aplicación de la “obediencia debida” al partido, a los simpatizantes, para que voten por el candidato propuesto por más que sepan que es perjudicial para ellos y para el país, según ellos mismos admitieron públicamente.
Durante la reciente campaña electoral, hubo descalificaciones de uno y otro sector en disputa que no eran simples críticas, sino que se referían a cuestiones delictivas de sus adversarios que imposibilitan a cualquier persona racional darle su respaldo para que lleguen al poder.
Si yo vinculo a alguien como parte de un grupo mafioso, que utiliza el poder para enriquecerse o que es un traidor o es alguien que roba al Estado, no parece sensato que luego pida a mis correligionarios que lo voten. Pero eso es lo que, sorprendentemente, pasa ahora entre los colorados.
En verdad, la cuestión no es tan sencilla para algunos dirigentes republicanos y no por cuestiones de principios, sino de sobrevivencia política. Saben que si el candidato cartista llega al poder, serán objeto de persecución y que su destino será el ostracismo.
Cualquier observador atento de la política vernácula habrá advertido que algunos conocidos dirigentes desaparecieron últimamente del escenario público. No están dispuestos a apelar a la obediencia debida y no quieren exponerse.
Una cuestión que los votantes deberían tener en cuenta es a quiénes realmente les darán poder en caso de que triunfe el candidato al que votan. Por ejemplo: aquel que vote a Santiago Peña sabe que le dará poder a personajes colorados como Horacio Cartes, Basilio Núñez, Erico Galeano, Juan Carlos Galaverna o Ulises Quintana. Fuera del partido, a otros como Édgar Ortiz.
Los jefes militares argentinos aludidos antes así como también Alfredo Stroessner y su cúpula de privilegiados solían decir que ellos no fueron quienes torturaron y persiguieron. Sin embargo, nadie es tan ingenuo para desconocer que, por acción y omisión, avalaron todas las atrocidades cometidas.
Asimismo, ahora en democracia, no podemos desconocer a quiénes vamos a habilitar para que ejerzan el poder cuando optamos por un candidato cuya presencia y discurso pueden parecer atractivos, pero que está rodeado de gente cuya condición e intenciones conocemos de sobra.