El poder ¿bien vale mentir a la ciudadanía?

La gestión de Santiago Peña comenzó con una crisis instalada por el propio movimiento político que lo llevó al poder. Montaron buena parte de su pasada campaña electoral sobre una mentira, inventando un presunto enemigo ominoso que pretendía arrasar con nuestras costumbres y tradiciones y destruir a las familias paraguayas: la Unión Europea, a través de un convenio de donación para respaldar a la educación por el cual, supuestamente, el Paraguay se obligaba a cambiar su sistema educativo adaptándolo a un plan de indecencia y corrupción moral.

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La mentira, replicada por instituciones conservadoras y fanáticos en redes sociales, funcionó porque lograron instalar en las mentes de mucha gente desprevenida que sus hijos e hijas estaban en riesgo, algo que obviamente los puso en guardia y los llevó a acompañar al sector político que prometía salvarlos de la malvada maquinación.

De nada sirvieron las llamadas a la sensatez incluyendo algunas pocas voces de dentro mismo del Partido Colorado. Evidentemente, consideraron que el fin, capturar el poder de la República, bien valía esta mentira.

El convenio de donación de la Unión Europea pone como condicionamiento al Estado paraguayo garantizar una educación inclusiva y de igualdad de oportunidades entre los géneros, además de empoderar a todas las mujeres y las niñas. No parece que esto vaya contra nuestra Constitución.

Pero, hablar de inclusión y de igualdad de género suena a los oídos de conservadores y fanáticos como un llamado a la corrupción de las costumbres, vaya uno a saber por qué.

Es seguro que varios dirigentes colorados cartistas eran bien conscientes de que montaron sencillamente una patraña pero consideraban que, una vez ganadas las elecciones, podrían volverse atrás y “solucionar” las relaciones con la Unión Europea de alguna manera.

Sin embargo, de manera irracional, decidieron insistir con la mentira y la mayoría cartista y sus aliados aprobaron hace dos semanas, en la Cámara de Diputados, la derogación del acuerdo y la devolvieron al Senado que la había rechazado en primera instancia. Para un rechazo definitivo se necesita una mayoría absoluta de dos tercios que cartistas y aliados pueden fácilmente bloquear y hacer que la derogación se apruebe.

No obstante, a esta altura parece que “han visto la luz” y se dan cuenta de que un acuerdo internacional, como lo es este convenio, no puede ser derogado por una ley surgida en el Congreso.

Además, cayeron en la cuenta de que una acción de este tipo afectará la credibilidad del Gobierno, ante instituciones y autoridades nacionales e internacionales que están atentas a las acciones y gestos de esta nueva administración.

Lo más sensato para el Poder Ejecutivo sería instruir a sus senadores y aliados para que den marcha atrás y rechacen la derogación del Convenio, pero eso será reconocer que mintieron, algo que seguramente no están dispuestos a hacer.

Más allá de la salida que encuentren, la inferencia lógica es: si fueron capaces de inventar una mentira de este tamaño, involucrando a la Unión Europea, ¿qué más serán capaces de hacer en el futuro inmediato?

¿Relativizará también Peña las promesas, por ejemplo, de crear 500.000 empleos, de mejorar la educación, la salud pública y la seguridad?

Cualquier cosa es dable pensar a partir de este hecho vergonzoso.

mcaceres@abc.com.py

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