El cartismo ahora maneja ambas cámaras del Congreso y, si bien el actual fiscal general del Estado no responde directamente a ese sector colorado, Emiliano Rolón Fernández carece del apoyo político necesario, que podría darle una oposición articulada y no podrá plantarse en todas las circunstancias (algo que ya se empieza a ver), lo cual a su vez contribuirá a ir mellando la credibilidad del Ministerio Público ante la ciudadanía.
Además el cartismo maneja el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, donde hasta se dio el lujo de poner a una marioneta como el senador Hernán Rivas, a quien llegó a hacer elegir presidente, cargo al que finalmente debió renunciar dadas las patéticas muestras de falta de aptitudes profesionales y morales.
El manejo del Jurado le da a Honor Colorado un gran poder de presión y chantaje que hará pensar dos veces a jueces y fiscales para tomar decisiones que molesten al Patrón.
No obstante, este panorama tan halagüeño para el cartismo tiene algunos nubarrones enfrente.
Se vio hace unos días que Horacio Cartes, presidente de la ANR, está prisionero dentro de su propio país. Se anunció que el exmandatario iría a la Argentina a participar en un foro de líderes políticos de derecha, pero su abogado Pedro Ovelar le recomendó expresamente no ir, lo cual actualizó y evidenció que la cuestión de su cliente con los Estado Unidos –y tal vez con la Justicia de Brasil– no han concluido y pueden tener algún capítulo más en cualquier momento. En el ambiente político-periodístico apareció un documento de los EE.UU. que hizo público un medio online con una lista de medidas anticorrupción y antiimpunidad que instan a Peña aplicar y, además, le recomiendan, de manera indirecta, alejarse de Cartes.
Por otro lado, líderes colorados no cartistas relativizan la hegemonía actual, señalando que es circunstancial y se irá terminando de a poco cuando muchos de los que están aún con la expectativa de “ligar algo” se vayan decepcionando, como ocurrió en todos los periodos. El plazo para que tal cosa ocurra es variable, pero no pasa generalmente de seis meses, como mucho, según aseguran duchos caciques republicanos.
Otra cuestión que puede empezar a minar el poder del cartismo es un mal manejo de la situación económica. Está por verse si Santiago Peña logra estabilizar el país y toma decisiones adecuadas en relación al déficit fiscal, el alto endeudamiento externo y la siempre amenazante inflación.
La fórmula del cartismo para manejar el poder es que el presidente Peña administrará el Estado, pero el manejo político quedará a cargo de Cartes y su entorno inmediato.
Entre las decisiones políticas están los nombramientos que se hicieron y se siguen haciendo hasta ahora en instituciones públicas. Además de exclusiones obligadas (no hay cargos para todos los amigos) y los consecuentes disgustos internos, está el tema de la gestión que harán los designados. Varios de ellos, tienen malos antecedentes y algunos, de hecho, parecen haber sido nombrados expresamente para robar para sí y para la corona.
Es un cóctel de muchos ingredientes que, llegado el momento, hará ebullición y arrastrará al abismo a más de uno. Es cuestión de tiempo.