Qué pasa si el Chapulín es el delincuente

Una derivación angustiosa del caso invasores VIP es la comprobación de cuán indefenso está el Estado, porque el Estado es incapaz de defenderlo. Parece un enredo: el Estado no protege al Estado. Quienes atentan contra el Estado son, precisamente, quienes debieran de cuidar de él. Esto es moralmente tan devastador como que ante nuestro grito de “y ahora, quién podrá defendernos”, saltara el Chapulín Colorado convertido en delincuente.

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El Chapulín transfigurado es el fin de la inocencia. Así como que miembros de poderes del Estado, propiamente, sean quienes lo traicionen (al Estado). El fin de la inocencia, de la decencia, del pudor, la dignidad, la virtud, la honra, la ética. El fin de la ascendencia moral que debiera tener el poder administrador del Estado sobre la ciudadanía.

La gran claudicación de la política hoy es que quienes se hacen llamar políticos han perdido la noción de su misión y de su objetivo: servir a la polis, a la ciudadanía. Y han entrado en la aberrante desviación de esgrimir su cargo para servirse del Estado, es decir, de los bienes de todos.

El Estado paraguayo, a esta altura de la historia, está privatizado: por un partido político, por los capitostes de ese partido político, por los miembros de otros partidos que ofician de satélites del partido principal. Está privatizado, en fin, por cualquier atorrante que pueda acceder a un ápice de poder para desarrollar su condición de parásito del Estado.

El cada vez más sometido pueblo paraguayo debe mantener al político, a la amante o al amante del político, a la familia de la amante o el amante del político, a la esposa del político, a los familiares de la esposa del político, a los operadores políticos del político, a los paniaguados de los operadores políticos del político. Y, encima, debe soportar la impunidad que tiene el político gracias a la acción corporativa de sus pares que blinda al sinvergüenza de cualquier posible acción legal en su contra. La política está cada vez más cerca de constituirse en asociación lícita para delinquir. Está perfectamente organizada para que el Estado sea la bolsa próvida de los políticos.

El empobrecimiento del país es patéticamente proporcional al enriquecimiento de los políticos. Cuanto más pobre la gente, más rico el político, multimillonario expoliando al Estado, usurpando sus bienes con cinismo crudo.

El Partido Colorado, con su aplastante mayoría, tiene el poder absoluto en el aparato gubernamental que administra el Estado. Eso le confiere una suprema responsabilidad histórica. Poco tiempo atrás, el presidente del Congreso, Silvio Ovelar, afirmaba que “el poder se ejerce con la mayoría”. Pero más que con mayoría, el poder se debe ejercer con honestidad. El coloradismo debiera hacer que su mayoría esté llena de hombres probos y no de pugilistas, saltimbanquis, invasores, agresores de mujeres, lavadores de plata sucia, tránsfugas interpartidarios, analfabetos, trogloditas y protectores de miserables.

Hoy el Estado no tiene quien lo defienda. Sus chapulines retozan en el bandidaje.

nerifarina@gmail.com

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