Vuelve “la tierna...”

El pasado día 15, la rectora de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, Mirian Peña, presidió un acto singular junto con otras autoridades universitarias. Sucedió que los egresados de Ciencias Políticas eligieron al abogado, Jorge Bogarín, como padrino de honor de la promoción. Los estudiantes suelen reservar esta distinción para las personas significativamente íntegras. Pero he aquí que el padrino de honor es significativamente corrupto, según el gobierno de los Estados Unidos.

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Seamos rabiosamente nacionalistas y rechacemos la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos. A nadie de afuera tiene que importarle nuestra corrupción, enteramente nuestra. Mandemos al canasto la opinión de los gringos, hagámosle desaparecer, que no exista. Pero Bogarín está siendo investigado por una serie de hechos delictivos, según frecuentes publicaciones. Investigado por nuestra fiscalía, la nuestra, no la de los Estados Unidos.

En los tiempos de la dictadura se utilizaba sin descanso esta frase: “tierna podredumbre”, para señalar a los jóvenes que vivían de rodillas a los pies de algún político influyente desde Stroessner para abajo. En tal postura, esperaban llamar la atención para alguna prebenda.

La Facultad de Derecho de la Nacional fue la principal incubadora de la “tierna podredumbre”. Había estudiantes que nunca estudiaban pero estaban por los pasillos haciendo hurras a la dictadura. Al final de tantos desvelos propagandísticos, conseguían su título de “doctor”. Esto de conseguir títulos sin estudiar se extendió hoy a las “universidades” privadas, de acuerdo a las denuncias que pesan sobre dos parlamentarios. Y no solo parlamentarios, también jueces de jueces.

Sobre el tema, un respetado profesor de la Facultad de Derecho de la UNA –escondo su identidad porque no di con él para nombrarlo- dijo: “Según informes preliminares habría 59 facultades de derecho. Una sola pregunta: ¿hay 59 profesores de filosofía del derecho? Sobran los dedos de la mano para responder a mi pregunta. Sin derecho la vida es un caos. Lo estamos viviendo”. Sí, la última escena se montó el miércoles en la Cámara de Senadores con el juramento bochornoso de Alicia Pucheta como miembro del Consejo de la Magistratura. Con ella, se completa el círculo del cartismo para agobiar también a la justicia. Sin derecho la vida es un caos, entonces los asuntos se resuelven a trompadas. En este caos, la doctora Pucheta borró sus muchos años de actividad judicial para terminar pisoteando la Constitución Nacional. ¡Qué patético final de una carrera pública empujada por el cartismo que no dimensiona los males que a diario causa al país!. Atropella sin misericordia las instituciones republicanas.

Ante la crítica por la elección del “padrino de honor”, los egresados salieron a decir que se tuvo en cuenta los antecedentes académicos y no las causas judiciales que pesan sobre el padrino. Con esta justificación se expresa el nivel moral de la “tierna”. ¿Cómo no va a importar la conducta de un ciudadano?

Se estudia ciencias políticas para leer con acierto la realidad colectiva, interpretarla y diseñar políticas públicas que ayuden a mejorar la sociedad. El estudio implica también beneficios personales por todo el aporte que da el conocimiento para el desarrollo humano. Pero nada de estos valores será posible sin la ética.

Hay un hecho a resaltar con aplausos. Hubo jóvenes que se negaron a ser cómplices de “la tierna podredumbre”. Se opusieron a la decisión de sus compañeros cartistas de distinguir a un “significativamente corrupto”. Al mismo tiempo, no quisieron hacer público su desacuerdo por miedo a perder su empleo como funcionarios.

Los hechos mencionados nos remiten a un pasado que creíamos sepultado para siempre. No, es el regreso del terror.

alcibiades@abc.com.py

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